Por Jorge Martínez Mejía Me siento, entregándome a la calma de la noche, contemplo el color de las tristes tinieblas, lanzo mis cantos al espacio y lloro por todos los corazones ingenuos. Nazik al Malaika. (1) Finalmente te trocaste. Tu camisa envilecida y tu mirada torva no engañan a nadie. Te hiciste ángel, todo moral. Nadie te ve en el lodo, en la suave rugosidad del fango. Finalmente lo has logrado. Todos tus recuerdos han muerto. Todo escosor de rabia desapareció de tus ojos de bestia. Ningún condenado a muerte te recordaría por un gesto, por un adiós, por nada. Nadie cubrirá tu rostro, ni las hormigas rojas que todo lo roen. Ninguna sombra servirá en tu camino para el descanso. No hay para vos una última palabra. Mirá hacia el cielo. Esta noche está más oscura y estrellada que nunca. Ahora podés recordar el tiempo perdido en rumiar las mismas cosas, una sola palabra fue holgazanería. Toda tu historia se esfumó y nadie puede...