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ME OCULTO DETRÁS DE ESTA PALABRA QUE NO DICE NADA

 




Imagen de Takashi Murakami


ME OCULTO DETRÁS DE ESTA PALABRA QUE NO DICE NADA

 

Por Jorge Martínez Mejía

 

Me oculto detrás de esta palabra que no dice nada. Alguien la dejó tirada por muda, por callada, por su olor a silencio, a pudrición, a tisis de sepulcro, a bartolina vomitada. Me oculto dentro, debajo, detrás; acorazado, íngrimo, abrazado por ella. Palabra sucia y olvidada. Mugrosa del amor. Odiosa palabra disparada como un escupitajo al vidrio transparente, al brillo de la luz, acorralada. Me oculto y me amarro y me disfrazo con esta bruja, malhumorada. Palabra que nadie posee, que nadie quiere poseer por chúcara, por chusma, por débil, por bipolar, por su mal aliento, por apostemada y malhablada. Me oculto en el bulto de su joroba enjaulada, me pongo un calcetín y es una rata equivocada. Me incomodo al abrazarla. Amo a esta palabra que no dice ni pío, ni ronca, ni cobra, ni me engaña, ni me busca y le vale maceta que me vaya. Qué hermoso es encontrar, por fin, una palabra que viaja sin irse a ninguna parte, que se queda a gritar como una puta encachimbada, mujer trans que saca su puñal y me corta en pedacitos. Piedra negra triturada, ceniza de araña, hediondo calorcito de amor-odio que me arropa y me devuelve a mi adorada nada.






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