POR JORGE MARTÍNEZ MEJÍA
Tenés ojos de loco, me dijeron, pero tu cráneo no es de cristal, no se quiebra con palabras.Lo sé, dije. Estoy bien configurado, tengo clase suficiente.
Escribo mi autorretrato. Con la cabeza inclinada, un poco hacia adelante.
Leo y mis ojos no se apagan con la luz.
Afuera, el ruido callejero corta en rayas cruzadas, el aire espeso.
Corrí con el cuerpo de mi hijo muerto.
El olor de la morgue, la axila morada, mis ojos arrancados de llorar.
Mis discípulos gritaron en pleno mediodía.
El bar de los escándalos sabe de mis poemas.
Almas desolladas.
¿Qué es un poeta con los ojos arrancados, sin leer ni escuchar?
Yo soy Yorch, les dije, ladrón de libros y destructor de catedrales.
Soy un chistosito explosivo, el sisimite arlequín de un pueblo lenca.
Organizo mítines políticos para niños, jóvenes y ancianos.
Tengo la cabeza de flecha, rapada con cuarzo y pedernal azulito.
Soy un olvidado campeón, un bailarín de cantinas desaparecidas.
Pinté murales de exagerados animales: mitad pulga, mitad jirafa.
Aprendí a leer el lenguaje de las nubes que desaparecen, las gotas suicidas de la lluvia que estallan en el pavimento.
Bebo jugo de naranja con los ojos.
Fundé revistas ilegibles y blogs caídos en desgracia.
Me hice chamán de causas perdidas, poeta de la calle, declamador campesino, burlador de la banca asesina, de la aristocracia y de la desgracia.
Mi musa es borracha y vomita palabras afiladas.
Soy el eterno estudiante de literatura.
Tengo los pies de hierro forjado y las uñas negras, carcomidas por el fango.
Tengo cicatrices de hachazos milenarios.
Tengo los dientes quebrados y las chimpinillas rotas.
Soy hijo de la protesta pública. Lector de manifiestos literarios en plena noche silenciada.
Soy el experto desconocido.
Aguijoneo demonios literarios, detecto bodrios de abuelas y chimpancés blancos.
No tengo gueto, por oscuros pasadizos, camino con mi cigarro encendido, parapetado en mi esqueleto.
Mi belleza no es tinta extraída de rosas ni de mariposas.
Yo soy mi autoridad, me encarcelo y me libero a puñetazo limpio en mi reflejo.

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