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Amémonos en el nirvana Clásico





Imagen de Tim Lookingbill, bread





Por Jorge Martínez Mejía




Amorosa 1.

Amémonos en el nirvana clásico. En el laberinto del andamio, en el buitre, en la filatelia de mi casita de ambos, en sus risos, en el giratorio baúl de la tierra que amamos.

Seamos esta noche otra vez ambos, y cojamos y cojamos para que la primavera venga, usted riegue a la triste plantita que casi se muere y yo iré al polígono de tiro por un revólver para asesinar el espanto.

Amorosa 1.

Esta vez descargué la música de viejos revolucionarios quemados. Construí con saña una antigua pieza que me hacía falta para entender por qué Tegucigalpa se muere de tráfico. Hoy apunté hacia afuera y el universo sigue como un tonto esperando.

Amorosa 1.

Amémonos, seamos kamikases, lazos perfectos para iluminar el devastado cielo estrellado.

Toda la noche hemos pasado de un pensamiento al otro, y ahora, empezaremos, de un abrazo a un beso, y luego a empezar de nuevo, hay que transmitir, desde la sangre de esas viejas radios con las que nos desvelamos.


Amorosa 1.

No me pregunte por qué estamos como locos, encima de los árboles, untados sobre un pan de artesanos...

Hoy otra vez nos amamos, y esta vieja agenda pide trincheras, y nosotros solo sabemos amarnos.



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