Resumen ________________________________________
El presente artículo ofrece una cartografía crítica de la poesía centroamericana desde sus cimientos modernistas hasta las manifestaciones
contemporáneas, articulada desde la perspectiva del Movimiento Literario Poetas del Grado Cero. A partir de una conversación realizada en el marco del Festival
de Poesía de Leiria (Portugal, 2022), en conmemoración de los 400 años de la muerte del trovador Francisco Rodríguez Lobo, se propone un álbum de figuras
imprescindibles cuya obra ha configurado los contornos de una tradición poética regional. El ensayo sostiene que la poesía centroamericana se ha construido
mediante una tensión dialéctica entre el canon y la transgresión, entre la solemnidad académica y la urgencia del habla cotidiana, tensión que el
movimiento Poetas del Grado Cero asume como principio estético y político.
Palabras clave: poesía centroamericana, vanguardia, modernismo, Poetas del Grado
Cero, Honduras, canon literario.
1. Marco contextual: Un álbum como ejercicio de
memoria Por invitación del Festival de Poesía de Leiria, Portugal, participé en un conversatorio informal junto a las poetas Vania Vargas (Guatemala) y Gioconda
Belli (Nicaragua), en el marco de la conmemoración de los 400 años de la muerte del poeta Francisco Rodríguez Lobo, trovador de Lis, uno de los más importantes
discípulos de Camões. La gestión de Sabrina Duque hizo posible este encuentro, cuyo propósito era ofrecer un panorama de la poesía centroamericana en un
ambiente de diálogo académico y amistoso.
Duque propuso la idea de construir un álbum de poetas imprescindibles de Centroamérica. Personalmente, consideré que
se trataba de un tema de gran alcance, pues permite aproximarse a lo que fue y es la poesía centroamericana a través de los rostros de algunos de sus
creadores, sin ignorar que todo intento de canonización conlleva omisiones inevitables. Como ejercicio de mediación cultural, cualquier intento de álbum
poético resulta bienvenido, especialmente si permite a lectores de Portugal, Brasil y otras latitudes encontrar coincidencias con sus propias tradiciones
literarias.
En nuestro caso, dado que se trataba de una lista abierta, sugerí que se considerara explícitamente la presencia de mujeres escritoras cuya obra
ha aportado material suficiente para la construcción de un sentido propio de las letras centroamericanas, con la calidad y la trascendencia que ello implica.
Reflexioné, asimismo, sobre los desafíos inherentes a este tipo de ejercicios: dejar por fuera nombres que la crítica literaria ha canonizado, o enfrentar el
descontento de quienes echan en falta a alguno de sus referentes. En la poesía, como en toda tradición cultural, existen inclusiones, omisiones y exclusiones.
Sin embargo, los consensos a los que se llega mediante la lectura rigurosa de esas mismas inclusiones, omisiones y exclusiones no pueden discutirse sin una
base sólida de conocimiento del corpus.
Por otra parte, el dedo apuntador —o anulador— de la crítica académica probablemente deja por fuera a algunos autores
por la pereza de emprender nuevas lecturas. Una crítica que no toma en cuenta los hilos que articulan las nuevas formas artísticas con la emoción popular, que
se resiste a incorporar a Roque Dalton en su canon, pero que finalmente termina por asimilarlo a regañadientes, revela de inmediato su sesgo ideológico.
No existe mejor forma de conversación que compartir con aquellas poetas y poetas que más nos han interesado a lo largo de nuestras lecturas. Figuras que vale la
pena proponer para un álbum poético que trascienda la mera enumeración y se convierta en un acto de memoria activa.
2. El andamiaje fundacional: de Rubén Darío a Juan Ramón Molina
La evolución de la poesía centroamericana hasta el presente permite rastrear y colocar las piezas clave con las que se construye el orden de las obras más valiosas a través del nombre de sus creadores. Aun cuando se trate de una aproximación necesariamente parcial, todos los participantes en el conversatorio estuvimos de acuerdo en que el andamiaje no puede partir sino de las figuras imprescindibles de Rubén Darío (1867-1916), de Nicaragua, y Juan Ramón Molina (1875-1908), de Honduras. Miguel Ángel Asturias (1899-1974) señaló con acierto que se trataba de poetas cuya obra marcó un antes y un después en la literatura hispanoamericana.
3. La vanguardia y sus fundadores: Salomón de la Selva En mi lista propuse como parte del andamiaje inicial de la vanguardia a otro poeta nicaragüense, fundador de una de las vanguardias más importantes de Centroamérica y piedra angular de la vanguardia en América Latina: Salomón de la Selva (1893-1959). De su obra cabe destacar El soldado desconocido, publicado en inglés cuando contaba apenas 26 años, y que tuvo una importancia significativa para la vanguardia mexicana, especialmente para el grupo Los Contemporáneos, quienes observaron en los rasgos poéticos de esta obra el abandono de la cursilería sentimental del romanticismo y sus hipocondríacos personajes.
Encontraron en su estilo abierto, preciso y en su reacción contra la métrica tradicional nuevas sendas por andar o experimentar. Se trata de un extenso poema
que registra sus vivencias en las trincheras inglesas durante la Primera Guerra Mundial y que logra, ya en 1921, con agudas imágenes y tonos llanos de inaudita
profundidad, una ironía descarnada. En palabras del propio Salomón de la Selva:
He visto a los heridos: ¡Qué horribles son los trapos manchados de sangre! Y los
hombres que se quejan mucho y los que se quejan poco... y aquel muchacho loco que se ha mordido la lengua ¡y la lleva de fuera, morada, como si lo hubieran
ahorcado! (De la Selva, 1922, p. 23).
Los principales rasgos de la poesía de Salomón de la Selva impactaron de manera directa en generaciones de jóvenespoetas nicaragüenses como José Coronel Urtecho (1906-1994) y Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), y perviven aún hoy en los poetas centroamericanos más jóvenes —guatemaltecos, salvadoreños, costarricenses y hondureños— que intentan sacudirse la solemnidad occidental y buscan sus propios recursos conversacionales, alejándose del engreimiento literario para obtener una lengua
propia, anclada en su imaginario cultural, que retuerce las retóricas reinantes para desechar sus lirismos convencionales y las cáscaras de víctima que aún
resuenan en el aire. Son intelectuales sin ínfulas que encuentran en el humor o la ironía la primera cualidad de su escritura.
José Coronel Urtecho escribió en 1927, a los 21 años, el poema Oda a Rubén Darío. Se trata de una de las piezas literarias que marcan el inicio de la literatura de vanguardia en Centroamérica. La Oda a Rubén Darío es, más que una lisonja o una exaltación del renovador de la poesía hispanoamericana, una carta de despedida: el recuento de la tensión que provoca una figura idealizada que no soporta el examen a la luz de la verdad del hombre existencial del siglo XX.
4. Figuras femeninas de la vanguardia: Clementina Suárez y Eunice Odio Otras figuras relevantes de la poesía centroamericana de vanguardia son Clementina Suárez (1902-1991) y Eunice Odio (1919-1974).
Clementina Suárez es la primera poeta que le torció el cuello al cisne y avanzó desde las formas más clásicas del romanticismo hasta constituirse
en la primera mujer poeta de la vanguardia hondureña y centroamericana. Sin la figura de Clementina Suárez no es posible explicar a cabalidad la poesía en
Honduras, pues ella construyó los caminos que habrán de seguir otros poetas por la senda de la vanguardia (Suárez, 2013). En Costa Rica, Eunice Odio, de igual
manera, se sacudió las rémoras del modernismo y se situó en una vanguardia de distinto signo al de Clementina, más afín al surrealismo francés, pero muy
genuina con su propio imaginario de mujer de las Américas.
5. La vanguardia guatemalteca: Luis Cardoza y Aragón En Guatemala no es posible explicar la
poesía de vanguardia sin la figura de Luis Cardoza y Aragón (1901-1992), de la misma manera que México no puede prescindir de él sin mencionar a José Emilio
Pacheco (1939-2014) o a Octavio Paz (1914-1998). Cardoza y Aragón constituyen una cima de la intelectualidad de América Latina muy pocas veces reconocida en
toda su magnitud.
6. La Generación del 50 en Nicaragua y Honduras En 1953 apareció la obra más trascendente de Carlos Martínez Rivas (1924-1998): La insurrección solitaria. Tenía 28 años. Se trata de un extenso poema en el que la mujer y un tono religioso se confrontan y marcan la pauta de una obra magna que se convirtió en un texto canónico en la poesía centroamericana. La impecabilidad de Carlos Martínez Rivas se asemeja a la del poeta hondureño Antonio José Rivas (1924-1995), quien, en su obra Mitad de mi silencio, canta a la mujer, a la poesía, a la patria, con claros tonos místicos y una elevada aplicación de orfebre en versos de resonancias barrocas. Antonio José Rivas pertenece a la conocida Generación del 50 en Honduras, entre quienes se cuentan Roberto Sosa (1930-2011), Oscar Acosta (1933-2014), Pompeyo del Valle (1929-2018), Rigoberto
Paredes (1948-2015), José Luis Quesada (1948-2019), Nelson Merren (1931-2007), Efraín López Nieto (1948), David Moya Posas (1929-1970), entre otros.
7. La poesía hondureña: De la Generación de 1894 a la Generación del 50 Quizás sea importante mencionar, a la hora de hablar de generaciones poéticas en Honduras,
que la primera generación de poetas del siglo XIX la constituyen José Antonio Domínguez (1869-1903), Froylán Turcios (1874-1943) y Juan Ramón Molina
(1875-1908), reconocidos miembros de la Generación de 1894, junto a Alfonso Guillén Zelaya (1888-1947) y Rafael Heliodoro Valle (1891-1959). José Antonio
Domínguez es autor del conocido poema "Himno a la Materia", compuesto por 363 versos y creado como propuesta de Himno Nacional de Honduras. Entre Froylán
Turcios y Juan Ramón Molina oscilan el romanticismo y el modernismo; entre Alfonso Guillén Zelaya y Rafael Heliodoro Valle se observan estilos
postmodernistas que servirán de enlace con la Generación de 1924, entre quienes sobresalen los nombres de Clementina Suárez, Constantino Suasnávar (1912-1974),
Claudio Barrera (1912-1971), Jaime Fontana (1922-1972), Jacobo Cárcamo (1916-1959) y Jorge Federico Travieso. Esta generación es considerada por la
crítica literaria como la pléyade de poetas con que la poesía hondureña alcanza su plena madurez, la que establece un vínculo sólido con el imaginario hondureño
y lo profundiza gestando un sentido propio. A partir de la Generación del 50, con los ya mencionados poetas Roberto Sosa, Oscar Acosta, Pompeyo del Valle,
Nelson Merren, Rigoberto Paredes, José Luis Quesada y Efraín López Nieto, la poesía hondureña despega hacia nuevos y más elevados estadios de calidad
estética, logrando colocarse en los más altos sitios del reconocimiento internacional. Evidencia de ello son las traducciones y diversos estudios en
distintas latitudes y espacios académicos.
8. Poetas olvidados de la Generación del 50: Edilberto Cardona Bulnes Una mención especial entre los autores de esta
generación merece el poeta Edilberto Cardona Bulnes (1934-1991), autor del libro Jonás, al fin del mundo o líneas en una botella (EDUCA, 1980), gran poeta
coterráneo de Antonio José Rivas (1924-1995), cuya obra se mantuvo olvidada por largo tiempo. En 1973, Cardona Bulnes obtuvo el premio de poesía Café Marfil con
su primer poemario, Los interiores. Se trata de un poeta de profunda sensibilidad visionaria, con hallazgos coloquiales que articulan elucubraciones
poéticas y filosóficas inusitadas, capaces de dejar vibrando la sensibilidad del lector. Antonio José Rivas, Edilberto Cardona Bulnes y la Generación del 50 nos
hicieron percibir nuestro mundo de manera esencial y marcaron nuestra historia literaria. A ellos cabe sumar a otros poetas como Livio Ramírez (1943), de
punzantes y arraigados versos llenos de compromiso social, y José González (1953), poeta de versos pulcros que relatan nuestra vida política con una
lucidez y magistralidad impresionantes.
9. Roberto Sosa y Nelson Merren: Pilares de la vanguardia hondureña En la poesía de vanguardia en Honduras, el nombre más
destacado y con la obra más influyente en las nuevas generaciones es Roberto Sosa. Similar a Sosa, otro de los poetas más influyentes en las generaciones
posteriores es Nelson Merren, cuyo impacto abarca más de dos generaciones de poetas que llegan hasta nuestros días.
10. La poesía hondureña actual: Entre el vértigo y la experimentación En la actualidad, la poesía hondureña oscila entre aquellos poetas que controlan el vértigo de las emociones de un país que se hunde y aquellos que logran soltar su conciencia y se dejan caer sin temor a sus propios experimentos y sacrificios. Poetas que se observan en su propia sombra, en su cotidianidad urbana. Se trata de escritoras y escritores con estilos muy diversos. Sin embargo, en Honduras los poetas contemporáneos son, en general, muy cuidadosos de su trabajo. Entre los poetas más reconocidos, como Leonel Alvarado (1967), Marco Antonio Madrid (1968), Rebeca Becerra (1970), Fabricio
Estrada (1974), Gustavo Campos (1984), Magdiel Midence (1984), Karen Valladares (1984), Mayra Oyuela (1982), Anarella Vélez Osejo (1956), Darío Cálix (1988),
Murvin Andino (1979), Dariela Torres (1995), Ludwing Varela (1984) y Giovanni Rodríguez (1980), no se acumulan poemas de manera indiscriminada. En general,
escriben con cautela, guardando su estilo y esperando con paciencia el momento de publicar una obra consistente que, por lo regular, no decepciona. También
existen quienes, con marcadas pasiones por mostrar su desencanto no solo social y político, sino literario, concentran todo lo que pueden en un puño y lo
sueltan con palabras francas y abiertas, coloquiales y duras, a veces incómodas por su crudeza.
11. Subjetivismo y esteticismo: Una reflexión crítica desde el Grado Cero Es notorio, sin embargo, el distanciamiento de la poesía hondureña actual de los valores de la vanguardia que intentaba vincularse, o al menos aproximarse, a las voces de una comunidad hambrienta de justicia. Un subjetivismo extremo y un esteticismo a ultranza parecen darle un rostro anémico a la poesía contemporánea. Por otra parte, la narrativa pareciera recuperar esta insuficiencia y mostrarse con mayor protagonismo y más apego a las voces necesarias de una comunidad que se hunde en el más elegante de los silencios. En Honduras, jóvenes poetas como Darío Cálix, Magdiel Midence, Karen Valladares, Ludwing Varela, Rommel Martínez, Gustavo Campos y Dariela Torres satisfacen mi interés particular por lo urbano, por el desenfado y su intención
desacralizante. Por ello me quedo con sus nombres y su poesía cargada de signos enfermos, furiosos y llenos de urgencia. Esta urgencia, esta necesidad de hablar
sin artificios, de nombrar las cosas por su nombre, constituye el núcleo estético del Movimiento Literario Poetas del Grado Cero, del cual soy fundador.
En congresos de literatura como Otra deconstrucción: El manifiesto de los Poetas del Grado Cero y la reconfiguración actual del sistema literario en Honduras, se
ha señalado que nuestro movimiento representa una apuesta por la expresión directa, la ironía como herramienta crítica y el rechazo del academicismo rígido
en favor de una proximidad auténtica con el habla cotidiana. No se trata de negar la tradición, sino de retomarla desde una posición de desacralización
creativa, asumiendo el legado de los grandes maestros —desde Darío hasta Sosa— para devolverle a la palabra poética su capacidad de conmover, de incomodar, de
nombrar lo innombrable. La poesía centroamericana, en su recorrido desde el modernismo hasta el Grado Cero, no ha dejado de ser un territorio de disputa:
entre el canon y la transgresión, entre la memoria y el olvido, entre la solemnidad y la risa. Este álbum, necesariamente incompleto, pretende ser una
invitación a continuar esa disputa con la honestidad que merece la palabra poética.
________________________________________ Referencias Albizúrez Palma,
F. (1988). Poesía postmodernista y de vanguardia. Editorial Universitaria.
Cuadra, P. A. (1988). Crítica literaria (Vol. 1). Universidad de Texas. De la
Selva, S. (1922). El soldado desconocido. Cultura.
https://archive.org/details/elsoldadodescono00selv Hernández Novas, R. (1987).
Tres poetas centroamericanos. Editorial Casa de las Américas. Suárez, C. (2013).
Poesía completa (M. E. Ramos, Ed.). Guaymuras. Umaña, H. (2006). La palabra
iluminada: El discurso poético en Honduras. Letra Negra Editores.
________________________________________ Jorge Martínez Mejía es fundador del
Movimiento Literario Poetas del Grado Cero y director general del Colectivo
Letras Hondureñas. Su obra ha sido presentada y publicada en congresos
internacionales de literatura y ha participado en festivales de poesía en
Centroamérica, Europa y Estados Unidos.
Rubén Darío Por Jorge Martínez Mejía José Coronel Urtecho escribió en 1927, a los 21 años, el poema Oda a Rubén Darío. Se trata de una de las piezas literarias que marcan el inicio de la literatura de vanguardia en Centroamérica. Una oda es un poema homenaje, escrito para glorificar o enaltecer una figura. La Oda a Rubén Darío es, más que una lisonja o una exaltación del renovador de la poesía hispanoamericana, una carta de despedida, el recuento de la tensión que provoca una figura idealizada que no soporta el examen a la luz de la verdad del hombre existencial del siglo XX. Se trata de una pieza en tres partes, con un carácter más elegíaco que apologético. En la primera parte se puede leer un epígrafe de Rubén Darío que dice: ¿Ella? No la a...


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