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A NUESTROS POETAS MUERTOS

 





A nuestros poetas muertos

 

Por Jorge Martínez Mejía







No se derritieron con un sol sampedrano de abril o junio,
ni fluyeron por el Ulúa flotando como ramas arrancadas en una tormenta;
nuestros poetas muertos se murieron de lejanía,
de versos invisibles, inaudibles, escritos para ciegos.

Partieron sin contar su historia verdadera, sin recordar su infancia,
su falta de amamantamiento, su carencia de leche materna.
Algunos soñaron el calorcito de un útero y al nacer
se calcinaron en el comal del cielo.

No dejaron ningún verso memorable y nadie escribió para sus poemas
un prólogo que valiera la pena. No tuvieron antología
y en la noche de su recital, miles de pájaros cacarearon hasta el amanecer
sin dejarles leer una tan sola palabra.

Por eso, para nuestros poetas muertos, es muy importante que escribamos
éste réquiem, seguro que, como ellos, será tirado al cesto del olvido.
Sin decir nada más, y con la certeza de que todo podría repetirse,
y que este, su seguro servidor, parta también, sin pena ni gloria.




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Comentarios

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