Por Jorge Martínez Mejía
Yo soy el mismo Borges temeroso y ciego
que caer vio en la tarde a la poesía,
soy su ceguera y soy su guía
en la noche que ha de morir
cual muerto es este día.
Esta oscura tempestad, que no lamento,
me ha traído, como al viejo Borges,
la sensación de haber leído ya este cuento
en que los dos, al fin dormidos,
nos soñamos en distinto sueño.
Yo vi morir a la poesía, y no su oro pobre,
ni la rosa imaginaria
que Milton rozó con su mejilla;
la vi morir sin más, sin mejor suerte;
acribillada, achicharrada brutalmente.
Y no veo el día en que despierte
siquiera un ápice
de la imperturbable noche
en que yace inerte.
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