Ir al contenido principal

Todo pasaría bajo el efecto gris de la lluvia...


Entonces llegaría al café y un anónimo muchacho pasaría buscando un libro de Bukowski. Tendría que ir con una chamarra azul debajo de la lluvia, porque del otro lado de la calle, alguien saltaría para guarecerse.

Mario Gallardo, molesto por una lectura reseñada con sordera en una revista de la capital, endulzaría su café recordando a Bolaño y se imaginaría a Santiago levantando su bote de licor en un pequeño bar.
En una de las mesas del rincón, se escucharía la voz persistente de dos tipos empecinados en un lejano proyecto literario, un boletín, una revista, un video clip, cualquier cosa, con un maravillado sentimiento. Todo pasaría tan fugaz bajo el efecto gris de la lluvia para que ese recuerdo empezara a materializarse.

Armando García y Helen Umaña, emocionados, leerían un inmenso tomo de la nueva literatura hondureña en la pequeña radio que nadie enciende siquiera por consideración, pero leerían con fe en que alguien escucha. Helen tendría cierta plenitud en la voz, un poco de humor inusitado que Armando celebraría riendo por debajo de sus lentes.

En la librería de al lado, el joven administrador volvería a revisar las cuentas cada vez más rojas, escuchando sus pasos de madera. El semáforo de la esquina se quedaría en rojo por más tiempo.

En la esquina contraria, una mujer anciana señalaría con su índice la mejilla de la pequeña que se ha detenido de pronto.

Todo se prepararía para este recuerdo.
Ya he abierto la puerta de cristal y visto el reflejo gris de la lluvia. Y sé que después de ese acto será demasiado tarde y no podré decir más nada…

La ciudad se ha alejado tanto. Pero siempre llegaría para decir algo al entrar al café, y alguien curaría mi desamparo al mencionarte.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

ODA AL PAISANO INEVITABLE: A propósito de la vanguardia en Nicaragua

Rubén Darío Por Jorge Martínez Mejía José Coronel Urtecho escribió en 1927, a los 21 años, el poema Oda a Rubén Darío. Se trata de una de las piezas literarias que marcan el inicio de la literatura de vanguardia en Centroamérica. Una oda es un poema homenaje, escrito para glorificar o enaltecer una figura. La Oda a Rubén Darío es, más que una lisonja o una exaltación del renovador de la poesía hispanoamericana, una carta de despedida, el recuento de la tensión que provoca una figura idealizada que no soporta el examen a la luz de la verdad del hombre existencial del siglo XX. Se trata de una pieza en tres partes, con un carácter más elegíaco que apologético. En la primera parte se puede leer un epígrafe de Rubén Darío que dice:                                     ¿Ella? No la a...

LA SED DE BALAM, UN ANÁLISIS CRÍTICO DE "EL ÁRBOL DE LOS PAÑUELOS" DE JULIO ESCOTO

Jaguar Por Jorge Martínez Mejía Críticos de literatura, estudiosos de las letras hondureñas y estudiantes, han analizado la obra de Julio Escoto, particularmente su novela El árbol de los pañuelos (1972). Se han producido ensayos y tesis de maestría y doctorado, abordando distintos aspectos de la obra. Sin embargo, la relación tensa entre el protagonista y las figuras de autoridad no han sido analizadas desde la perspectiva de la sociocrítica.  Quien más se aproxima para hacer este abordaje es Héctor Miguel Leyva, indicando que “en ella ( El árbol de los pañuelos ) encuentran en la Historia a los héroes no oficiales y plantean de una forma alegórica los problemas ideológicos y prácticos de los guerrilleros del presente. En estas novelas los guerrilleros siguen siendo los protagonistas de la acción. Pero en la novelística centroamericana, como se adelantaba antes, también aparecieron los guerrilleros como personajes secundarios”, Leyva (2002). Se refiere...

DESCUBRIR LA LUZ EN LA NOCHE DE TOCOA

    Por Jorge Martínez Mejía A Juan López   En las grietas de la noche de Tocoa, cuando el neón parpadea sobre la palma africana, nuestra dulce prisión, me arropo en el murmullo de millones de grillos: no estoy solo. La noche de Tocoa es larga. Siempre alguien nos ataca, al acostarnos. En pleno sueño nos ataca. Un televisor destartalado zumbando en la sala. Alguien se cuela por las rendijas de la iglesia, golpea las sábanas al acostarnos, susurra en nuestras pesadillas. De hombre a hombre, bajo un foco titubeante del alumbrado público, Carlos Escaleras me miró: “Tocoa es una canción sin fin, una larga fosa”. Lo sé, porque mis pasos crujen en el bosque de palma, un tocadiscos rayado girando al revés. A veinte cuadras bajo tierra, nuestros hermanos calientan el camino. El aire de Tocoa es un abrazo de aire que sopla desde Botaderos, un ventilador antiguo que mueve millares de hojas para calmar el incendio. Carlos, con su voz de radio...