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TODO HA CONJURADO














Para que la poesía muriera nos pusimos de acuerdo y fuimos cínicos, claros,  impasibles. Conjuró nuestro aburrimiento de toda esa perorata sobre la belleza, quedamos hastiados de Octavio Paz, de su mayéutica pseudo socrática, de su abismal cerebralidad, nos cansó también Sabines, buscamos un poco de frescura y sólo había música, baladas insufribles. El cielo tenía un encanto de basurero y las ratas y su perfume salobre seguían recordándonos las calles de un Baudelaire abuelo. Para que muriera la poesía se desvaneció el torrente de Rimbaud, las alturas de Neruda, el bramido de Vallejo. Pero ya antes nuestro desdén desangraba su cólera golpeando con el muñón la pared de las ranas y su croar hecho a base de palabras incongruentes…¿Qué putas es la poesía? ¿Una larva francesa convertida en lengua de vaca? ¿Ladrillo? ¿El fustán de una vieja que hace pan casero? ¿Una piedra mítica de Grecia?  Conjuró toda esta resbalosa e insalubre caries de la palabra. Algunos confundieron el autismo de Hölderlin, se arrinconaron en los manicomios y se hartaron un mendrugo sacado del mero culo de Dios, para nada. Todo ha conjurado. Ni soy el último ni el primero, pero es menos mi albedrío cuando estoy a punto de pegarle un vergazo al cadáver de esta pobre muerta con la que me encuentro a solas.
























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