viernes, 16 de diciembre de 2011

®Dante y Gorostiza: La caída sin retorno



®Dante y Gorostiza: La caída sin retorno





GUSTAVE DORÉ: IL INFERNO


CASA DONDE NACIÓ IL DANTE, EN FLORENCIA, ITALIA













Al cantar la epopeya, Homero no imaginó el temple de los dioses griegos marcando de manera definitiva el espíritu de su pueblo. Otros poetas llevaron su canto a los rincones helenos portando en cada palabra el estigma de la grandeza y la eternidad, pero quizás tampoco lo supieron. La palabra fue entonces vehículo de cohesión, con ella se hilvanó la fortaleza de occidente.

La plenitud homérica no se miró en realidad sino después, cuando sus cantos se fundieron con las aspiraciones del mundo occidental. El imperio romano, heredero directo de sus construcciones fantásticas, cayó; pero el héroe cantado por Homero continuó forjando la visión con que surgieron las naciones.

Homero fue un anfitrión patriarca esparciendo sus migas a lo largo de los siglos; desde los infiernos filosóficos de Platón, a la Estigia de Dante, de los monstruos vistos por Virgilio y la Sibila, a las alucinaciones infinitas de Cervantes; de los violentos destinos de Esquilo, a los oscuros límites de Shakespeare. Su canto fue el comienzo, la perpetua fundación de las voces.

Homero hizo de la palabra la piedra con la que se fundó el mundo, y con él estaban Virgilio, Dante, Cervantes, Shakespeare, Racine, Moliere y Goethe. La palabra se hizo templo y cada pueblo tuvo su palabra.

Antes de la nación, la poesía fue el territorio de los pueblos. El germen primario de las naciones fueron los relatos poéticos que configuraban su origen. A pesar de que los románticos continuaron con el estigma de la fundación de las naciones, el ideal estético posterior reclamó para sí a la palabra como única patria.

Por esta causa, en la actualidad resulta difícil comprobar la relación poesía-nación, o poesía y política. Sin embargo, es un asunto que en el siglo XX ha sido vital para el pensamiento.

Sócrates pudo poner en duda la autoridad de Homero al abordar el tema de la guerra sin ser un guerrero, pero para nosotros su genio es indiscutible, no sólo en la descripción detallada del evento bélico, sino la compleja profundidad humana que lo genera.

Homero, Virgilio y Dante viajaron por la geografía de la subjetividad mítica de su época para encontrar una explicación metafísica a las contradicciones sociales. Homero petrifica la cosmovisión de su época sin pretender fundar, canta movido por esa misma cosmovisión y es su canto el que funda. Virgilio se mueve por un impulso fundacional, por el afán de fundar a la nación romana a partir del código estético impuesto por el canto homérico, además de la visión aristotélica de la finitud temporal.

Esta seña estético-filosófica imprime a sus descripciones una orientación vitalista . Virgilio desciende al infierno y ante sus ojos los condenados se desplazan exhibiendo la esperanza de ascender o retornar a la vida común de los mortales. 

El ideal estático virgiliano conserva la esencia de la concepción aristotélica de la inmutabilidad de lo que es; sus condenados no han dejado de ser, únicamente son tránsito de la vida, cuya razón de ser es la vida y, por tal, tienden a ella.

Dante desciende, guiado por Virgilio, pero en su visión ha operado otra concepción provocando un cambio en el desplazamiento de los condenados. La noción dantesca de la eternidad es distinta a la virgiliana. La compasión de Dante ante los condenados se muestra más profunda; su infierno es eterno como una caída perpetua y sin retorno, como un infinito estar en el suplicio. Virgilio es la finitud, la temporalidad. Dante es la intemporalidad, lo eterno en el sentido cristiano. De igual modo, su sentido de belleza es atemporal, es la quietud divina, es decir, lo sublime.

Pero en su obra se funde la cosmovisión greco-romana, signada por la temporalidad, con el paradigma de la eternidad cristiana para ofrecer la variante que caracteriza a la moderna colectividad de occidente.

El registro de esta noción filosófica en Dante es tan trascendente, como la actitud desafiante con que muestra los modelos paradigmáticos de la modernidad. De un lado, sus personajes. El mismo Dante como hombre-poeta accede al misterio del inframundo y a la sagrada presencia de Dios sin despojarse de la mortalidad; y Beatriz, encarnación mística de la belleza o metáfora de la poesía misma, constituye la vía única para ascender al ideal cristiano, a Dios. De otro lado, Dante elige materiales lingüísticos hasta entonces proscritos en la literatura clásica, reivindicando la vivacidad de la lengua popular.

Dante inaugura la modernidad no sólo por el registro de la noción filosófica de lo eterno, sino, fundamentalmente, por la actitud de observar al hombre en una perfecta horizontalidad con Dios. 

Inmerso en una época en que la única posibilidad de salvación es la fe en el ideal cristiano, muertos los dioses griegos y romanos, Dante afinca su fe en el hombre, trascendiendo los tiempos y marcando de una manera impecable a las sociedades futuras. 

Aunque la importancia literaria de Dante es indiscutible, el papel de su obra en el plano social y político para la constitución del pensamiento del hombre moderno es, al igual que la obra de Shakespeare o Cervantes, de insondables repercusiones. 

¿Hasta qué punto se le debe a Dante nuestro sentido crítico de la burda materialidad, nuestro sentido de la solidaridad humana?

Guiados por Dante viajamos a las zonas horribles del infierno, sólo para vernos en la misma miseria de los condenados. La circunspección que llevamos al contemplar las imágenes que se nos avientan: la crueldad, el suplicio, la angustia, la desolación contemporánea; sólo nos sirve para mostrar que estamos aterrados. Dante pudo darle a su época la posibilidad de la esperanza, o al menos una alegoría para acompañar el viaje.

A nosotros nos toca la caída infinita, la muerte sin fin de Gorostiza.





jueves, 15 de diciembre de 2011

Todo pasaría bajo el efecto gris de la lluvia...






Entonces llegaría al café y un anónimo muchacho pasaría buscando un libro de Bukowski. Tendría que ir con una chamarra azul debajo de la lluvia, porque del otro lado de la calle, alguien saltaría para guarecerse.

Mario Gallardo, molesto por una lectura reseñada con sordera en una revista de la capital, endulzaría su café recordando a Bolaño y se imaginaría a Santiago levantando su bote de licor en un pequeño bar.

En una de las mesas del rincón, se escucharía la voz persistente de dos tipos empecinados en un lejano proyecto literario, un boletín, una revista, un video clip, cualquier cosa, con un maravillado sentimiento. Todo pasaría tan fugaz bajo el efecto gris de la lluvia para que ese recuerdo empezara a materializarse.

Armando García y Helen Umaña, emocionados, leerían un inmenso tomo de la nueva literatura hondureña en la pequeña radio que nadie enciende siquiera por consideración, pero leerían con fe en que alguien escucha. Helen tendría cierta plenitud en la voz, un poco de humor inusitado que Armando celebraría riendo por debajo de sus lentes.

En la librería de al lado, el joven administrador volvería a revisar las cuentas cada vez más rojas, escuchando sus pasos de madera. El semáforo de la esquina se quedaría en rojo por más tiempo.

En la esquina contraria, una mujer anciana señalaría con su índice la mejilla de la pequeña que se ha detenido de pronto.

Todo se prepararía para este recuerdo.

Ya he abierto la puerta de cristal y visto el reflejo gris de la lluvia. Y sé que después de ese acto será demasiado tarde y no podré decir más nada…

La ciudad se ha alejado tanto. Pero siempre llegaría para decir algo al entrar al café, y alguien curaría mi desamparo al mencionarte.








lunes, 12 de diciembre de 2011

LOS POETAS SON USTEDES

















Deben saber que los poetas son ustedes, los que no poseen ni sombra, ni su propio manantial, ni desierto, ni espejismo. En medio de la multitud les he visto extraviados, con una fiebre de años, condenados a cargar un pequeño saco roto en el que todo se desangra. Ahí han pervivido resistiendo el tiempo, murmurando un dolor interminable. Pero he visto sus ojos claros, limpios, y a través de ellos el horizonte cambia constantemente. Por eso sé que los poetas son ustedes.






















En el Paseo Real de las Chimeneas Gigantes. Trinidad , S.B. 10 de diciembre de 2011.





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jueves, 8 de diciembre de 2011

TODO HA CONJURADO














Para que la poesía muriera nos pusimos de acuerdo y fuimos cínicos, claros,  impasibles. Conjuró nuestro aburrimiento de toda esa perorata sobre la belleza, quedamos hastiados de Octavio Paz, de su mayéutica pseudo socrática, de su abismal cerebralidad, nos cansó también Sabines, buscamos un poco de frescura y sólo había música, baladas insufribles. El cielo tenía un encanto de basurero y las ratas y su perfume salobre seguían recordándonos las calles de un Baudelaire abuelo. Para que muriera la poesía se desvaneció el torrente de Rimbaud, las alturas de Neruda, el bramido de Vallejo. Pero ya antes nuestro desdén desangraba su cólera golpeando con el muñón la pared de las ranas y su croar hecho a base de palabras incongruentes…¿Qué putas es la poesía? ¿Una larva francesa convertida en lengua de vaca? ¿Ladrillo? ¿El fustán de una vieja que hace pan casero? ¿Una piedra mítica de Grecia?  Conjuró toda esta resbalosa e insalubre caries de la palabra. Algunos confundieron el autismo de Hölderlin, se arrinconaron en los manicomios y se hartaron un mendrugo sacado del mero culo de Dios, para nada. Todo ha conjurado. Ni soy el último ni el primero, pero es menos mi albedrío cuando estoy a punto de pegarle un vergazo al cadáver de esta pobre muerta con la que me encuentro a solas.
























martes, 6 de diciembre de 2011

Estudios, ensayos y artículos sobre la obra de Jorge Martínez Mejía

LA CAÍDA Y EL VACÍO EN PAPIRO

Por Héctor María Leyva

Dos autores se han ocupado en años recientes de estudiar la producción poética hondureña de las dos pasadas décadas, Helen Umaña en el último de sus tres grandes e importantes volúmenes dedicados a la historia literaria del país, La palabra iluminada (2006, LPI de aquí en adelante) y Salvador Madrid en una antología también importante: La hora siguiente, Poesía emergente de Honduras (1988-2004) (2005, LHS, de aquí en adelante). 

Los autores ofrecen una imagen  múltiple y diversa de esta nueva poesía (Helen Umaña reseñó la obra de 55 poetas, hombres y mujeres, nacidos entre 1954 y 1983, de quienes Salvador Madrid incluyó textos de 27 en su antología).  No obstante, a pesar de la heterogeneidad, ambos autores coinciden en destacar el desencanto como una de las características notoriamente presentes en la última poesía. Helen Umaña se refiere a una crisis en el horizonte ideológico que ha motivado una vuelta al intimismo (650), mientras que Salvador Madrid se refiere a un alejamiento de esta poesía del realismo social, sin dejar de ser política ni de explorar los espacios urbanos y rurales del país, y a su lucha por evitar la deshumanización. (10).

En este sentido, el desencanto se encuentra asociado al regreso de la lírica a los espacios del yo-mismo y a la reacción contra la quiebra del humanismo que antes se han hecho notar en poetas precedentes y que ahora parecen ganar fuerza y extensión. De la muestra de esta nueva poesía es posible destacar algunos autores y textos representativos de lo que aquí se discute. 




Héctor María Leyva IMAGINARIOS (SUB)TERRÁNEOS (2009)

Papiro: El erotismo y lo otro


Por Salvador Madrid



Jorge Martínez Mejía (Las Vegas, Santa Bárbara 1964).





Martínez, en Papiro, se detiene en la temática del erotismo y lo otro, el viaje al interior psicológico del hombre, visto como la suma de sensaciones ante la realidad. Si la sensación es la característica del hombre (este hombre), Martínez la edifica como mundo poético, hace del poema un acto introspectivo. El desplazamiento de un tema a otro dentro del poemario redefine esa interminable alianza que termina en un conflicto: intimidad y relaciones con los otrosSi el erotismo hace al hombre partícipe de la naturaleza por aspiración espontánea, la otra visión casi existencial y religiosa lo mutila. Por un lado, en el erotismo, Martínez, eleva al hombre porque participa no sólo de lo carnal, sino de la creación misma. Por otro lado, al discernir sobre el papel del sujeto en la realidad o al referirse a la naturaleza social del ser lo destroza. no por simple procedimiento poético, sino por una implacable necesidad; como animal social, este hombre es incapaz de proponer un orden nuevo, nada más se interna en él ya establecido, es casi un reducto o una suerte de azar en las relaciones materiales.


Salvador Madrid, La hora siguiente
poesía emergente de Honduras (1988-2004)


PAPIRO: AUTÉNTICA CELEBRACIÓN DEL AMOR




Por Helen Umaña


Jorge Martínez Mejía (Las Vegas, Santa Bárbara, 1964) escribió Papiro (2004), libro que evidencia un largo y paciente ejercicio en la manipulación del verso. En poemas de gran aliento (1), dentro de una atmósfera de contenida nostalgia, el amor y el canto a la mujer constituyen la faceta de trabajo más destacada.

Papiro deviene en auténtica celebración del amor y del cuerpo femenino. La boca, los labios, los senos, el cabello, la piel..., encuentran su creativa transformación en motivo poético. Para ello, el autor construye metáforas de tipo racional, trabajadas, generalmente, con elementos extraídos de la naturaleza.: Estallas en el clamor de las manos,/ hueles a trigo, a fruta, y te desplomas en hilos de miel/ sobre la sombra. ("Lira", Martínez Mejía, 2004, 14); Eres la danza de la luna o un pétalo tendido/ en el mantel de la noche.// Te nombro libélula, llama, lama de azogue,/quemor, espina en el sexo,/ grito,/ y el cielo se derrama/ en tus labios. ("Palmera de luna", 22); Calladas, remotas, desde un atardecer/ se despiden las hojas/ que una vez desnuda como el agua/ te bañaron.// (...) Tú también dejabas acampar el aire/ en tus ojos,/ mágica,/ extraña ceguera agitándose como una lanza. ("In memoria", 26); (2); Como un puñado de polvo/ que se elevara hecho mariposas/ hecho mariposas/ sobreviven tus ojos. ("Noche", 30).

"Papiro" -poema inicial- establece, con nitidez, los términos del diálogo: el yo anclado en un presente en donde el amor sigue incólume (soy el que navega en tus lagos aromados) y el tú proyectado hacia un futuro de resonancias casi míticas, esfera en la que, en una especie de vaticinio, su recuerdo permanecerá intacto: Serás la hembra asediada por el sol/, el arco de piel y la boca incendiada/, la danza que se fuga sobre un camino de ceniza rumbo al cielo./ Tu talón de fuego frío será la imagen del poeta que aún mira tus huellas/ en la tierra. (13). Mujer-noche, mujer-agua, mujer-fuego, mujer-luz, son motivos recurrentes. La mujer-centro: origen y justificación del existir. Paradójicamente, también se la visualiza como construcción mental del yo: Te construyo con palabras, dice (23). En otros términos, en el mundo de la conciencia, sólo adquiere consistencia real aquello que se verbaliza. En Papiro hay pues, otra veta: la de la poesía de reflexión general. En "III", de "Oscilación del Fénix", las sugerencias de la muerte, de la nada, del aniquilamiento, se condensan en pocos versos: procura sentir el vaho/ de la hoja muerta,/ la fragilidad de su hueso,/ la proeza de su tallo/ antes de caer/ y el abismo tan hondo;/ la silueta hiriendo el aire,/ la escritura del salitre,/ el arrullo de la sombra/ cada vez más cerca del polvo. (62).

Dentro de ese orden de ideas, uno de los mejores textos es "VIII", de la sección "La espiga fúnebre". Un reto en el cual la figura del buitre (con una insinuada referencia al famoso de Prometeo) adquiere una gran amplitud simbólica. Copiado en su totalidad dice: Vuela buitre,/ revienta el aire, mancha, incendia,/ roe la cima,/ traza tu garabato en la altanera blancura.// Fornica./ Desciende tu beso/ al ojo en que se mira la muerte.// Picotea, amamántate/ como antes en la oscura leche.// A la vieja humedad de la luz,/ al brillo esquivo,/ a la escarcha que recuerda la tibieza/ en la carroña; no la desdeñes.// Y no te apresures/, la noche va en tus alas. (57). Versos cuyo aleteo deja una resonancia siniestra, ominosa: cólera, indignación, impotencia.

En "Las hojas lluviosas", dedicado a Moisés Landaverde -teatrista asesinado durante la gran represión de los años ochenta-, el yo poético, sin perder el carácter de voz íntima que recuerda con acendrada ternura al compañero desaparecido, encamina sus pasos hacia el terreno de la poesía social: La mar, el agua lenta o una bufanda tirada en la noche sonreirían siquiera con saberte distante.// Podrías cambiar el color de la tarde/ por uno que sea menos triste que el vestido del mundo.// (...) Nada podría separarse de ti, ahora,/ ni las nubes que viajan a la velocidad de tus manos/ cuando descubren el lenguaje de las rosas,/ ni la madrugada blanda,/ que repite tus ademanes al ritmo del alba.// (...) Hacia ti venimos con el lenguaje naranja del crepúsculo/ y con el trino de las hojas lluviosas,/ con la luz que se oscurece y es brillo de luz sobre la sombra,/ con todo lo que hace de tu barro una estación de sueño/ porque de tu sueño nace el vino que calcina la sed de los hombres.// (...) Las cosas renacen por tu nombre. (67-69). 

Sin permitir que la indignación o el dolor se precipiten hacia formas disonantes, los versos, a través de refinadas connotaciones, convocan la presencia viva y actuante, no vencida por la muerte. Significativamente, con estas palabras tan esperanzadas termina el poemario. En ningún momento hay fracturas o subversión del orden sintáctico o semántico. El poeta, tanto conceptual como estilísticamente (al elaborar imágenes cuyos términos comparativos permanecen dentro de postulados racionales), conecta con una manera de enfocar el hecho poético en la cual podríamos incluir a José Antonio Funes y Marco A. Madrid.






PAPIRO: LÍRICA DE LA SENSUALIDAD

Por Fausto Leonardo Enríquez











Jorge Martínez Mejía, (1964), Las Vegas, Santa Bárbara, Honduras, es el autor de «Papiro», ed. Comun, San Pedro Sula.

Con este poemario J.M. aparece en el panorama hondureño de la literatura una nueva voz poética cautivante. En este comentario crítico querría acercarme yo mismo al autor -apenas lo he saludado dos veces-, y acercar, a través de una lectura detenida, a quienes quisieran incursionar por el poemario que va a ocupar estas líneas. Advierto que este trabajo, como todos mis intentos críticos anteriores, recoge algunas claves de lectura, que no todas, ni mucho menos.

1. Sensualidad lírica de Papiro.

La obertura poética de J.M. es cadenciosa y fresca de principio a fin. Uno de los símbolos usados en Papiro es la noche. La noche, con su misterio, representa a la mujer. En verdad, noche y mujer una y la misma cosa. La noche guarda secretos, rincones ocultos, aromas, serenos, pero sobre todo guarda para sí el mejor vino para escanciarlo en la entrega de los amantes: «La noche tiene el aroma de un jardín lejano… / Noche es mujer, / hembra oscura, cumbre silenciosa, / caída horizontal y misterio».

Octavio Paz[1] traduce unos versos memorables de Lawrence acerca de la pasión de Plutón y Perséfone que ilustran –espero no resulte forzosa la asociación- lo que afirmo arriba: la noche es un «reino ciego donde el obscuro se tiende sobre la obscura, / y ella es apenas una voz entre los brazos plutónicos, / una invisible obscuridad abrazada a la profundidad negra, / atravesada por la pasión de la densa tiniebla / bajo el esplendor de las antorchas negras que derraman / sombra sobre la novia perdida y su esposo».

El símbolo de la noche-mujer anima la voz poética de J.M. y lo impulsa a incursionar en el placer. Las imágenes recaudan diáfanamente las impresiones hedónicas en un rito de pasión amorosa. No obstante, al poeta le gusta jugar con lo oscuro, lo nebuloso y sombrío del erotismo. Lo revela y lo oculta: «Soy el poeta que te canta, / soy el que navega en tus lagos aromados, / soy el que vaga en tus olas… / Soy el que ama tu tarde más muerta, / y tu polvo, / y tu cabellera poblándose de estrellas. / Soy el que bebe tus aguas profundas / tus leguas antiguas y oscuras. / El que besa tu grama caliente / el que muerde las uvas de tus labios de sombra / y rocío» (Papiro).

La lírica sensual de J.M. subyuga y recrea con gracia la imaginación del lector. El estilo llano, con peso en la palabra, sorprenden a cada paso. Dicho de otro modo, cada verso es testigo del esfuerzo creador del poeta. Y esto es un signo clave de que la poesía joven hondureña se orienta hacia mares más profundos donde anclar imágenes poéticas memorables: «El muslo de un lirio, / la llama que gotea / se apaga… Serás los animales de nube desapareciendo a cada / mirada posible, / la madrugada cediendo su pezón adolescente / serás hembra asediada por el sol, / el arco de piel y la boca incendiada, / la danza que se fuga sobre un camino de ceniza rumbo al cielo» (ídem).

J.M. recoge en imágenes poéticas las variables del placer, en este sentido la actual poesía hondureña alcanza un notable avance. Aunque el poeta no se desprende de la tradición de poesía de la erótica-amorosa, renueva su impulso con notable maestría: «Bebo la música de tu cuerpo cuando es una brasa / en la delicia de fuego. / Estallas en el clamor de las manos, / y hueles a trigo, a fruta, y te desplomas en hilos de miel» (Lira). Los versos profanos de J.M. me llevan, inevitablemente, a pensar en Rubén Darío[2], el célebre poeta de “Prosas profanas”, el cual dice de Eva que: «vio la manzana del jardín: con labios / rojos probó su miel; con labios rojos / que saben hoy más ciencia que los sabios»

La energía creativa de J.M., en el sentido pleno del término, no pasa desapercibida. El lector avezado la notará sin mucho esfuerzo: «Pero yo soy el rumor nacido de tu voz apagada / y tú la humedad deslizada en el ardor de la noche. // Desata de una vez el agua que nace de tu sueño / y deja que sea un pájaro apretado en tu abismo» (ídem).

El poeta retoma los símbolos alusivos al amor: la luna, la noche, el agua, el mar y los procesa de una forma original, es decir, no vista e infrecuente, a mi juicio, en los poetas jóvenes de la actualidad literaria hondureña: «La luna ama tus ademanes y se hace pequeña / esperando tu abrazo. / A ti se te acostumbran el alba y la hora / más dulce del día, / y el sol no puede con tu beso[3]» (Ermita). También: «la luna danza / manando caricias de una herida. / El aire resplandece» (Alumbramiento).

El deleite que produce la poesía de J.M. deviene de la forma de cómo procesa la palabra. Crea versos jugosos con ingeniosidad y garbo: «Me despeño como un pequeño verano / para quemar tu boca» (Ermita).

El deseo, que es distinto al amor, queda simbolizado en la luz, el fuego y la sed insaciable de placer que suscita la amada: «Luz prematura el deseo… en tu boca se incendia la lluvia del estremecimiento… / tú enciendes la leña que profana los templos… / y sé la llama sosegada en el agua» (Alumbramiento).

Resulta muy interesante ver cómo el poeta J.M. sustrae elementos de la naturaleza con mucho dominio de la palabra para comunicar sus vivencias. No se conforma con los límites del cuerpo o de los cuerpos de los amantes, sino que halla en las cosas los efluvios líricos que realzan el bello decir: «Se mece tu cabello, se hace pájaro, paraje, / polvo en el aire: cascada» (Palmera de luna).

El lirismo sensual que descubrimos en Papiro, lejos de ser perturbador o morboso, es refinado y limpio en el que el principal ingrediente es la imaginación. Este es un logro notorio en el libro que nos ocupa: «Una gota de sed se ahoga en tu vientre. / Mis dedos te surcan, trazan líneas, constelaciones, / pasadizos que se abren al encontrar un sollozo» (Mar).

El deseo, la pasión ardiente dura poco y cuando pasa la tormenta y la llama amorosa deviene un extraño vacío, dejando sólo las cenizas. Cuanto más grande es el deseo, más grande es la pasión y mayor la nostalgia y el dolor cuando se llega a la consumación del placer, cuando éste se ha ido. Es inevitable recordar los versos de Jorge Manrique: «Aviva el seso y despierta contemplando / cómo se pasa la vida tan callando; cuán presto se va el placer, / después de acordado da dolor, / cómo a nuestro parecer / cualquier tiempo pasado fue mejor». En Papiro hay un poema que, a mi juicio, sintetiza en gran medida lo dicho arriba, esto es, el sentido de pérdida y desgarro[4]. El clamor del aeda ante el amor ido es visceral: «Debí abrigar tu desnudez más tiempo / entre mis ojos, / debajo de la sangre donde tu piel reinaba / sin temor a la lluvia, / sin temor al silencio que acontece a los labios cuando / se juntan. / Vuelve a la labor de la fruta segada por la sed de las manos. / Vuelve a ser idéntica al sol cuando camina / a plena luz del día, / cuando el viento es un pájaro aleteando / en la humedad de los ojos» (Coda).

Ya que el amado no puede tener a su amada, porque la ha perdido, recrea su imagen vívida aún en la memoria, digamos que se deleita en los recuerdos, con la imaginación. El poeta explora las experiencias del amor en un evidente desgarramiento: «Ardorosa entre sombras, / la luna arriesgaba su beso / lastimándose / y tú extendías tus ramas hacia este bosque de raíces nupciales» (In memoria).

En un intento forzoso por conservar la imagen de la amada, cuya belleza platónica alcanza los rasgos míticos de Beatriz (Dante). El poeta idealiza solemnemente a la amada y la eleva casi al grado de la divinidad: «A esta hora dabas al viento un refugio… / Aparecías en la sombra, / sobre una rama coloreada con algas oscuras / sobre la cima brillante de la luna, / sobre un abismo. / Nadie te vio en la hierba, / ligera y desnuda, / herida por la luz. / Nadie miró tu pie de música, / tu pequeño pie destruyendo todo» (Habitación de la tarde).

2. Energía y belleza, sazón de la creación poética de Papiro.

Hay en cada verso de Papiro una secreta energía –este es un dato capital en estos apuntes- que el poeta trasuda con natural brillo. Esta fuerza creadora no decae en todo el libro, salvo en contados momentos que no afectan el conjunto de la obra. El poeta canta desde su propia atalaya, herido, nostálgico.

Es esa fuerza, precisamente, la que está de telón de fondo en Papiro como una persistente querella por el amor ido: «No es por el agua / o por el aire, / es por la oquedad de dormirse lejos / por la herida con que se añora la lluvia, / por la lumbre, / por el oscuro césped en que nadie responde» (Noche).

No es presuntuosa la asociación con el romanticismo shakespeariano, con la herencia de los románticos ni con “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada”, de Neruda, con quienes muy probablemente J.M. ha tenido contacto por medio de la lectura. Me atrevo inclusive a asociar Papiro, al menos remotamente, con la poesía náhuatl que resuma cierto erotismo. J.M. no perece un novel poeta, sino un sazonado creador que no se ruboriza al hablar del placer y del amor con la palabra precisa: «¿Hacia dónde avanzaba nuestra sangre cuando un poco de luz / caía en tus hombros? / ¿En qué paredes quedaron las miradas y los gemidos / que escribían tu nombre?» (ídem).

Papiro tiene algo que no he mencionado hasta este momento, belleza. Es decir, el constante muestreo de imágenes líricas bien logradas y artísticamente sonoras. Todo esto demuestra una intencionalidad y un alto sentido del oficio poético. J.M. apura bien la palabra para destilarla en versos como estos: «Quédate cayendo en la desnudez de luz, / sin temblor de ramas… / Atrápame en la neblina rota de mi voz» (Lago); «En la oscura perfección / basta una palabra» (Ventana).

Todo el tramo primero de poemario sirve al aeda para cantar a su amada, a sus ojos, a sus manos, a su cuerpo, en una palabra, a su beldad: «Un paisaje de aves volvería a tus manos / para elegir tus ojos… / No hay abismo, no hay sombra que invada la redondez de tu beso» (Huella).

Seducido por las emociones y encantos que le produce la amada, J.M. halla resonancia de su pasión en todas las cosas, como si se tratada de un pan-eros: «Como un imposible perdido, / entraría en la niebla, desnudo, tu cuerpo… / Desde una malla de rocío antes del alba. / Desde un mallarmé tallado en un diamante de luciérnaga» (Niebla).

El poema es el lugar que le sirve al poeta para revivir la experiencia amatoria y, de ese modo, perpetuarla. La palabra poética deslumbra nieblas y oscuridades. La sola convocatoria de la presencia de la amada, el roce de su cuerpo y el contacto estalla en un luminoso instante: «Apretado en la luz / de tu boca me bebías» (Mapa).

J.M. ha cribado su bello decir con batea de minero, es decir, lo ha hecho minuciosamente clasificando la imagen precisa de la vacua. Este es el camino de la maestría: «Cae la lluvia. / El agua besa la hierba, / roza un tallo y regresa / en silencio, enmudecida» (Paisaje del cuerpo I).

El cuerpo de la amada es la silueta que inspira todas las melodías de Papiro. Mil variaciones sobre un único canto, armónico y rítmico: «Una silueta se desliza, / florece. / Se eleva la canción de la carne» (ídem II).

La liturgia de los amantes es tal que donde los reclame el deseo, allí mismo se realiza el rito acelerado de la llama amorosa. Da igual que sea sobre la hierba de un descampado, en un campus universitario, que en un lugar oscuro y solitario: «Gime la piel sobre la hierba, / se desliza, / crece. / Un canto suave golpea las hojas» (ídem III); «Una flor alumbra la noche» (IV).

De aquí en adelante el poemario sufre una variante que rompe la unidad temática. Sin embargo, querría destacar en la sección “Espiga fúnebre” y “Oscilación del Fénix” la capacidad de síntesis de J.M., camino que le llevará a lograr una obra depurada y sólida. El poeta exhibe su destreza en versos como el citado arriba: «Una flor alumbra la noche»; o en estos: «Desprendida / y elevada, / una hoja del árbol / bajo el ámbar violento / raya el cielo» (Espiga fúnebre I); «El árbol con su lengua de hojas contra el cielo dibuja su sombra» (II); «Una y otra vez la llaga lluviosa del cielo golpea la rama» (III); «Y en su afán de mariposa, / una hoja de celinda / apagó el mundo» (V); «No te apresures, / la noche va en tus alas» (VIII); «Y jamás tu hocico intacto de luz / tuvo más vasto / florecer, más bello fango» (IX).

Finalmente, “Espiga fúnebre” recoge una actitud crítica hacia los poetas no depurados, ásperos y grises. Introduce la reflexión, la cual vuelve al poeta hacia sí mismo. En este intento de sinceridad, el autor mira nacer su propia voz órfica: «veo renacer mi voz profana» (VII).

3. Juicio crítico.

J.M. vertebra su poética epicúrea, sensual, líricamente. Versos profanos, pero cargados de poesía, es decir, de música, fuerza y dominio del lenguaje. Dicho con otras palabras, nuestro aeda hace de la poesía lo que Octavio Paz califica de “erótica verbal”. Para mí que de entre los jóvenes poetas que han publicado al menos un libro en Honduras J.M. se revela como el poeta orfebre, el poeta de la metáfora, de la imagen. Digamos que el poeta vuelve a las formas originales de hacer poesía, tan apaleada por el prosaísmo periodístico. En Papiro no vamos a hallar una poesía del yo profundo, espiritual y reflexiva, sino una poesía volcada esencialmente al Eros.

Valoro la energeia y la poiesis de Papiro, signos elocuentes de que el autor asume su papel como aeda. Un nuevo poemario salido de sus manos deberá o conservar el nivel de Papiro o superarlo.

Belleza de la palabra, síntesis y dominio del léxico son otros fuertes de Papiro. Quiero decir que J.M. apretó bien la palabra, logrando una gran síntesis poética encomiable.

J.M., por último, cristaliza lo mejor de sí en este libro y lo hace como quien sabe que el bello decir tiene mucho que ver con la lírica. Estamos ante un poeta con sentido del oficio y hay que esperar siga trabajando con profundidad. Sin embargo, los yerros también son propios de los genios y sabios. Puntualizo que dejó escapar algunos gerundios que pudieron evitarse y algunas preposiciones. Son muy pocas los versos desafortunados: «Tu cuerpo era una mariposa gris orinando en el aire… / Me diste una gota de orín celeste» (Paisaje del cuerpo V).

Por lo demás, querría apostillar que estamos ante uno de los poetas con mayor talento de la actualidad hondureña. Acojo Papiro como un libro digno de ser leído y de estar en cualquier biblioteca.

Nota: Un fallo notable de edición es la falta de ISBN.

San Pedro Sula, Honduras, 4 de julio de 2005.

[1] Paz, O. Llama doble, p. 29.

[2] Darío, R. Prosas profanas, poema “Alaba los ojos negros de Julia”.

[3] Asocio estos versos con los de Catulo, poema Nº 5, “Los besos” escribe: «¡Vivamos, Lesbia mía, y amemos!… Los soles pueden morir y renacer; nosotros, cuando haya muerto de una vez para siempre la breve luz de la vida, debemos dormir una sola noche eterna. Dame mil besos, luego cien, después otros mil, y por segunda vez ciento, luego hasta otros mil, y otros ciento después…»

[4] Papiro en el fondo canta un erotismo elegíaco, el de un amor que se perdió. Juan Valera x. XIX escribió, aludiendo a Lesbia, amor platónico de Catulo: «Llorad, oh Gracias, y plegad las alas, / dulces Amores de dolor transidos, / el avecilla de mi blanda Lesbia / lánguida expira»

sábado, 3 de diciembre de 2011

POETAS DEL GRADO CERO, SEGUNDO MANIFIESTO

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(2008)

Nada resucita a los Demiurgos y sus joyas putativas


Año de los clones literarios, blogs, fantasmas cibernéticos y anonimato agresivo.
¡Por una puta poética todos estamos muertos!


En una buhardilla, un maldito poeta anónimo supone darle respiración boca a boca a la puta muerta, convertida por arte de un conjuro de los Poetas del Grado Cero, en una vieja senil, cadavérica y apestosa. El maldito poeta ha empezado a sentir cierta predilección por el sabor a tierra, a estiércol y a polvo de librería. Quiere consumar el acto del entierro como si con semejante actitud, la belleza sumergida en la memoria de los que pesquisan en la sombra, será recordada. La puta está muerta y hace mucho tiempo fue quemada viva en la imagen de una boina. El maldito poeta que la entierra, también está muerto, el aburrido lector que lee esto, también está muerto. Todos estamos muertos por la puta poética que ya fue sepultada. Es el tiempo de los clones literarios, de las voces camufladas entre otras voces; es el tiempo de los fantasmas que ululan en el ciberespacio robando símbolos sin esencia, con una extraña intensión de destruir todo lo que huela a malas palabras. Nadie vive ni ha vivido nada nuevo en el último año. Sólo los Poetas del Grado Cero han decidido escupirle la cara a los clones literarios, a los fantasmas cibernéticos y a los imbéciles que se mueren de envidia y viven la vida prestada de los poetas esenciales.

POÉTICA

No tenemos ARS poética. Esa mierda fue inventada por los pulcros, por los directores de la palabra, por los equilibrados temples que se sientan con la pierna cruzada en las presentaciones de libros, con los lentes levemente ajustados en el macho de la nariz para dar la sensación que controlan cada segundo de su destartalado pensamiento.
La belleza ya dejó de ser lo que era, ahora es una muerta. Lo mismo el arte. Nada nos conmueve. Es difícil que leamos algo y quedemos asombrados. Nada nos asusta. Nada de la pesada y ligosa ortografía nos quita el sueño. Y no obstante, no despreciamos la vitalidad y cada gesto franco del artista que se enfrenta a su material con la infinita intención de alcanzarse a sí mismo.
Todo lo que apesta a modernidad es asqueroso. Todo ripio retocado, todo pulimento cosmético, toda joya parecida a otra joya, todo lo que apeste a corregido.
La belleza no sólo ha muerto sino que ya no existe en ningún tiempo. Ni dentro ni fuera de ninguna parte. Si ayer existió, ya no lo volverá a hacer, porque para eso la enterramos y nos meamos sobre sus huesos. Le echamos chorros de meados frescos por los hoyos de los ojos de su calavera. La asustamos y su espíritu cagado se fue para otra galaxia.




Clasificación de los poetas contemporáneos


No todos estamos locos y enfermos. La mayor parte de los idiotas están cuerdos y saludables. Funcionan perfectamente en un sistema en el que cada uno cumple el rol de aparentar su cordura, de no tener problema, de ocultar su miseria. Las putas cada vez son menos y los burdeles han sido clausurados. El mundo cambió totalmente y nadie quiere aceptarlo. Los escritores y las logias de artistas son las más pequeñas minorías existentes y en permanente guerra fratricida.


El poeta clon


Es un idiota con la vida literaria alquilada. Le renta el estilo y la vivencia a otro poeta esencial que sí tiene vida propia. Todos los que imitan el estilo de los Poetas del Grado Cero son Clones del Grado Cero, por ejemplo. Pero hay miles de clones y es difícil no toparse con ellos en cualquier esquina, cibercafé o librería. Se caracterizan porque recitan los versos del poeta alquilado, frecuentan los mismos cafetines y sostienen conversaciones sobre el poeta de la renta. Ninguno habla de su propia vida.


El Poeta clon converso


Era un poeta clon nada más, similar al poeta anterior, sólo que “oyó” que la narrativa es más “rentable” y se convirtió en narrador. El poeta clon narrador, le renta el estilo a otro poeta narrador, especialmente en boga, y repite sus párrafos de manera tan jactanciosa que no es difícil encontrar el parecido, ya que su imitación proviene de su inteligencia celular. Sueña con encontrarse un día con su poeta padre y tomarse una foto para realizar su proeza literaria: Su clonización ha concluido.

Los clones tardíos de Rimbaud y Lautreamont

Son idiotas muy parecidos a los Poetas del Grado Cero, porque, como éstos, quisieran haber participado en el asesinato de la poesía. Los clones tardíos de Rimbaud y Lautreamont rechazan a los Poetas del Grado Cero porque quieren la gloria de parecérseles en un cien por ciento de iconoclasia y malditismo. La dificultad de estos clones es que su poesía es malísima y sin sustancia.

El Poeta Fantasma Cibernético

Ratón del espacio, dedos recortados por efecto del uso del “mouse”. Lee rápidamente y conoce los rincones donde se esconden todos los poetas encapsulados. Tiene varios e-mails, varios nicks, varias contraseñas, varios grupos de contactos entre los que husmea a los poetas y narradores del momento. Tiende al robo o al saqueo informático. Se levanta temprano y sin lavarse el hocico se trepa temprano a la máquina. Abre los sitios de la farándula…ríe embaucando, copia textos que le suenan “interesantes”…busca en los blogs las novedades y maldice por qué a él no se le ocurrió antes. Manda comentarios a diferentes sitios. Crea blogs pseudos-literarios que nadie nunca visita. No tiene valor de mostrar sus propios trabajos. Comenta de manera anónima el de otros, a veces con soltura, pero las más de las veces con sorna jactanciosa. Es hermano gemelo del Anónimo Agresivo.

El Clon Anónimo Agresivo

Es un temeroso poeta clon que no ha salido de su cápsula reactiva. Es un dulce hermano menor del Fantasma Cibernético del que depende emocionalmente para participar en las actividades del ciberespacio poético. Tiene poco manejo de informática. Usa de manera frugal la Internet, pero se enfurece cuando observa que otros le toman la delantera y crean “productos novedosos” en el ciberespacio. Entonces saca sus uñas y se alía con el Fantasma Cibernético. Crean Blogs Clones para ocultarse, escriben diatribas, parodias y descarados insultos con el estilo clonado de los agraviados.  Les fascina la jerga informática, pero son mecánicos. Su visión es pobre o liviana, similar a la de los moribundos o los recién nacidos.






El Poeta Clon en Desuso

Este es el momento imposible para este poeta clon antiguo. Sus creaciones pasaron de moda tan rápidamente y ya nadie las encuentra en ninguna parte. Ocasionalmente usa al Fantasma Cibernético para informarse un poco de cómo andan las cosas en La Internet –poniendo énfasis en la frase para mostrar su marginalidad. Es un poeta que se siente más cómodo durmiendo y soñando despierto. Rebusca en viejos libros de poesía, algo para “reciclar” de sus propios gustos y escribe anquilosados versos idiotas que a nadie le interesa leer. Evita la lluvia, los días demasiado soleados, las actividades públicas y las conversaciones demasiado juveniles. Todavía es un Poeta Clon Revolucionario que añora a Otto René Castillo y a Roque Dalton. Relee con nostalgia sus fracasos inéditos y se duerme temprano. Ronca como un motor de 8 cilindros averiado.

El Clon Total

No es poeta. Es un inútil con ínfulas intelectuales. Memorizador o garrotero por excelencia. Carece de vena creativa. Sus máximas vivencias se encuentran en un pasado tan remoto como la Grecia Clásica, o en las viejas aventurillas de sus amigos de infancia. Husmea entre libros que lee con fruición para encontrar algún retazo que le sirva de consuelo a su existencia. Lanza vituperios contra todo y contra todos. Es único en el ciberespacio. Se caracteriza por mantener su pulcra página alejada del contagio del estilo de los Poetas del Grado Cero. Mezcla estilos, roe aquí y allá. Copia recetas literarias. Se pone circunspecto cuando habla de literatura. Procede con rudeza y falsa modestia. Es un hábil plagiador de literatura. Parece genuino pero es clon. Un Clon de alta fidelidad.

El Poeta Emo

Los Poetas Emos son clones naturales de los Poetas del Grado Cero, pero con una grave falla de clonización. Famélicos y retraídos, aspiran a la muerte total de los signos. Sólo la sangre propia les quita la sed. Se disparan en los pies por falta de puntería creativa. Son narcisistas empedernidos con cierta dosis paíspoesible tendiente a la inanición. Su poesía aún está en proceso de creación, es inédita, rítmica y rayana en lo minimalista:







“Muer-
Muer-
Muert
Mu-
Muer-
Muert
Muuert---
Muerte…
A Aaa---laPo
Po
Po
Po Po…
Poesía Poesía”


El Poeta Punk

Es un fracaso en Honduras en donde surgieron dos o tres modelos de manera espontánea, clonados de algunos poetas cubanos sin oficio. El poeta Punk mezcla en sus poemas canciones rockeras de los noventas. Su aspiración es la vagancia literaria y su compromiso político nulo. Son tan débiles que no tienen ánimo ni de escribir…se levantan en la mañana solo a comer y se vuelven a echar. Como no hay muchos punk, se reúnen ocasionalmente y permanecen hasta tres días haciendo el pase de vagabundos y mendigos en las proximidades de los mercados. Tienen sucias libretas en donde apuntan sus extraordinarios dislates con las más inverosímiles estructuras poéticas…Pocas muestras tenemos:
“Mi resaca
 Mi resaca no me mata
 Mi resaca no me mata aunque
Mate a mi mamá si despierto
hecho un estrago
yo me siento aún dormido
Yo
me siento
aún do
r
m
i
do
aunque mate a mi mamá
Mi resaca no me mata…”
No son un clon de Los Poetas del Grado Cero, pero le guardan un gran respeto a la Logia a la que han solicitado participar ocasionalmente para conmemorar el aniversario de la muerte de la poesía.








De dónde salieron los Poetas del Grado Cero


Pasábamos embebidos leyendo poesía, sumergidos en la cotidianidad, sin observar la metamorfosis cotidiana de la vida. Mirábamos todo sin ver nada. Habíamos recibido desde afuera todos los códigos de la poesía y lo asimilábamos naturalmente como sucede con todo lo cotidiano. Hasta que una tarde le echamos Vick a un puro de marihuana y lo interrelacionamos todo. El código general de la literatura comenzó a dibujarse en el hilo de humo azul. Fue como si el mismo Humberto Eco y Roland Barthes estuvieran poniéndole con nosotros. -¡Jodás, hijueputa! Dijo un enfurecido infrarrealista que estaba aplastado debajo del trasero de Nelson…era Papasquiaro. Nelson creía que Papasquiaro era una piedra. -¡Mierda…grrrr…puta, no jodás qué frío hace! dijo Mario Santiago. Lo había resucitado el tufo a mota.
En conferencia estábamos los nueve: Nelson Ordóñez, Darío Cálix, Karen Valladares, Jorge Martínez, Roland Barthes, Humberto Eco, Mario Santiago Papasquiaro, Roberto Bolaño, y Charles Bukowski, cuando escuchamos un estornudo o un ruido similar a un gas…-Déjenlo que hable- dijo Bukowski, en un pésimo español…Esa noche el culo de Darío recitó un  poema, un insulto que le fascinó al mismo Bukowski. A partir de ese momento decidimos darle muerte a la poesía porque mucho culo hablaba, y organizamos la Logia de los Poetas del Grado Cero.


Cómo  recuerda Darío ese mismo momento


Charles Bukowski está justo frente a mí. Su cara es un asco: infestada de cicatrices y ampollas a punto de reventar de tanta pus. Es su cara de Ham on rye, la cara de su juventud. Nuestras frentes prácticamente se rozan.

-Me das asco, nene, me das asco.
Su aliento apesta a alcohol, naturalmente.
-Bukowski…
-Bukowski mis bolas. Yo soy Henry Chinaski. Yo soy Arturo Bandini, hijo de puta. Yo soy poeta; yo soy la poesía en pelotas, la única poesía, nene, la única. ¿Te ha quedado claro, pedacito de mierda?
- Sí…
- He estado leyendo tus mierdas. En tu puta vida me volvás a citar en tus mierdas, ¿oíste? En tu puta vida, pendejo. Yo nunca cité a nadie para que nadie me citara a mí.  ¿Te ha quedado claro, pendejo?
-Sí, Bukowski…
- ¿Y qué es esa culerada de andarme imitando? Ya estoy harto de culeros como vos que se la pasan escribiendo nada más que culeradas.
-Pero si yo nunca…
-¡Mis bolas!  ¡Vete a la vida, nene! Si querés escribir de verdad antes tendrás que salir a vivir. ¡Salí a buscar un poco de vida, carajo! ¿O pensás acaso seguir escribiendo esas culeradas que siempre escribís? Porque si vas a seguir con eso, más vale que lo hagás con estilo. O que empecés a imitar a otro, a alguien que sea culero como vos. ¿Me entendiste, nene? ¿Querés ser poeta? Pues viví, carajo. ¡Viví Viví  Viví  Viví  Viví!
-…
-Sé mendigo. Dormí en las calles. Enamórate de una puta.  Aprendé a beber de una vez por todas y emborrachate a diario. Conseguite un trabajo de 20 horas y emborrachate dos y escribí en las dos que te queden.
-…
-¿Cuándo saldrás a vivir un poco, nene? ¿Cuándo empezarás a escribir de verdad, nene? ¿Querés ser un escritor, nene? ¿Querés ser poeta? ¿Cuándo dejarás de escribir culeradas y te convertirás en un poeta de verdad? ¿Cuándo, nene? ¿Cuándo?
    
Sentía la asfixiante necesidad de responder algo. Cualquier cosa. Abrí mi boca en un acto desesperado, pero alguien, a saber quién y desde dónde, me interrumpió y además desperté con este grito:

-¡El 32 de diciembre de mil novecientos nunca!


Darío había fumado mucha mota con Vick. No le dio la payula, pero Bolaño le dio algunos consejos para reponerse…luego la Logia continuó en sus quehaceres normales.







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