miércoles, 12 de febrero de 2014

Habitación de la tarde







 
Jorge Martínez Mejía (1995)
 
 
 
 
 

Por Jorge Martínez Mejía
 
 
 
Habitación de la tarde

 

 

 

 

Llega la tarde

y se esparce.

 

A esta hora dabas al viento

                        un refugio

y los animales se te ofrecían callados

por verte con mis ojos.

 

Aparecías en la sombra,

sobre una rama coloreada con algas

                             oscuras,

sobre la cima brillante de la luna,

sobre un abismo,

sobre un escollo gris,

ávida como las piedras.

 

Extrema, temeraria, tornabas en dos una caricia

hecha con rígidas arenas,

sepultabas fuego y agua,

tortugas, versos y danzas ancestrales.

 

Nadie te vio en la hierba,

ligera y desnuda,

herida por la luz.

 

Nadie miró tu pie de música,

tu pequeño pie

destruyéndolo todo.

 

Alzabas los ojos para convocar la noche,

para aquietar el aire

y el temblor de las hojas.

 

De tus manos surgían numerosas,

ingenuas, antiguas y sofocadas estrellas

y tu cabello era el sitio donde los relámpagos

poblaban el horizonte.

 

También la lluvia era un pájaro conquistado,

ebrio y sin alas, cayéndose, profundo,

en sus cristales.

 

Todo lo inventabas, todo lo destruías

a esta hora,

como una advertencia para el amor

y nadie hubiera podido

no amar tus sacrilegios.
 
 
 
 
 
Tomado del libro Papiro (2004)