Diferendo y democracia ® JMM




ASCENSO DEL PODER TECNOCRÁTICO Y DESPRESTIGIO DEL SECTOR SOCIAL EN HONDURAS
 
 
 
No tengo ninguna intención de discutir la potencia y capacidad del Frente Nacional de Resistencia Popular en este artículo, el análisis de coyuntura ligado a él aún se encuentra anclado al 28 de junio.

Sin embargo, tengo interés en hacer un aporte en la observación de cierto ascenso de la tecnocracia respaldada por el Departamento de Estado de Los Estados Unidos de Norteamérica, y el inicio de un decrecimiento de la capacidad de poder del movimiento social en Honduras.

Para colocar el tema en el tapete, baste decir que con la Ley de Reajuste Estructural de la Economía se inicia en el país una etapa feroz en la instauración del modelo neoliberal, y que la presencia de tecnócratas en altos niveles de gobierno no precisamente es nueva, pero estos antecedentes pueden rastrearse fácilmente, y en el rastreo, los tecnócratas se observan en sujeción a los partidos políticos tradicionales, o a los grupos de poder que han ejercido su dominio en el gobierno de manera permanente.
Por otra parte, puede observarse en el sector social, ciertos gremios, sindicatos y organizaciones campesinas, vulneradas y dominadas tradicionalmente por los caciques de los partidos tradicionales, gobierno y parlamento, quienes les han asignado un rol de choque y balance de fuerzas para mantener su estatus dominante.
Sin embargo, como una variante a esta situación, y como resultado del desgaste y deslegitimación de los partidos tradicionales y el aparato de gobierno, en los últimos años se ha ido configurando una red de tecnócratas vinculados a la producción de políticas públicas, leyes e iniciativas que inciden de manera directa en la ciudadanía, pero que su funcionamiento orgánico se encuentra más orientado al debilitamiento y desintegración de una importante base del sector social. Habría que nombrar entre los más visibles a tres tecnócratas claves que han ido forjándose como piezas de un engranaje de poder naciente: Arturo Corrales Álvarez, Julieta Castellanos y Julio Navarro. Cada uno con características y estilos diferentes, han construido sus propios centros de producción de información y pensamiento. Habría que incluir a Marlon Escoto que ha convertido a la Secretaría de Educación en un centro de acopio informático con el que ha logrado controlar en su espacio de dominación al gremio magisterial.
El creciente prestigio y consolidación de esta red no tiene ninguna discusión. Su poder de influencia va más allá de la admiración de los políticos del patio y del reconocimiento público de la Embajada Norteamericana. Su ubicación en espacios estratégicos, especialmente el de la educación, la salud y las relaciones exteriores (La Universidad Pedagógica, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, La Secretaría de Educación, la Secretaría de Salud, la Cancillería y el Banco Central) entre otros organismos no estatales, dice no sólo de un proceso político que no ha sido aún analizado y que vale la pena considerar, puesto que implica no solo la facturación de cambios positivos en la administración de las instituciones a las cuales están vinculados, sino de un enfoque de acciones en el que la destrucción de la organización gremial es una táctica para operar libremente o sin ninguna oposición.
En la Universidad Pedagógica, la Universidad Nacional Autónoma, y la Secretaría de Educación pueden observarse los mismos procesos, diseñados por tecnócratas que consideran a la organización gremial como una falla, un problema a eliminar. El procedimiento es sencillo, crear una Ley Fundamental o el marco jurídico desde el cual operar sin cortapisas. Desde ahí se origina la operación de asfixia económica tanto de los dirigentes gremiales como de las estructuras gremiales.
Considerando la trascendente importancia que implican las organizaciones gremiales estructuradas sobre la base del sistema educativo nacional y de salud, no puede dejar de observarse que la labor destructiva de los tecnócratas obedece a una política de debilitamiento y destrucción del sector social en Honduras.
Por otra parte, el desempeño estratégico de los tecnócratas en el manejo de los asuntos financieros relacionados con la actual situación económica del país, de su papel como agentes y contraparte, tanto del Estado como de organismos internacionales, les ha ido colocando en una posición de poder privilegiada, ya que pueden manejar una importante porción del presupuesto nacional.

Como el tema da para más, para nadie es extraño que pronto podríamos tener a un tecnócrata de presidente, y que esa será la coronación de una casta que es capaz de arrancarle el derecho de autogobernarse a un pueblo, en su desmedido narcisismo intelectual.


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GRUPOS DE PODER SIN LEGALIDAD Y SOBERANOS LEGÍTIMOS SIN PODER

 

El batir de alas de una mariposa
puede desatar un huracán…
Mao Tze Tung

 

La era está pariendo un corazón,
no puede más, se muere de dolor,
y hay que acudir corriendo
pues se cae… el porvenir…

Silvio Rodríguez

 

Lo queramos o  no, estamos preparando una Asamblea Popular Constituyente para construir una Nueva Constitución hacia la Refundación de Honduras. Sin embargo aún debemos hacernos las preguntas de rigor: ¿Qué es una Asamblea Popular Nacional Constituyente? ¿Qué es una Constitución Refundacional? ¿Qué es el Soberano? ¿Puede auto-convocarse el Soberano a una Asamblea Popular Nacional Constituyente Refundacional? ¿Qué es la Auto-convocatoria del Soberano? ¿Puede el Soberano auto-convocarse o necesita el aval del “Poder Legislativo” de la Oligarquía burgués terrateniente para su reconocimiento y legitimación? ¿Cuáles son las reglas del juego en el proceso de lucha del Soberano por auto-convocarse a una Asamblea Popular Nacional Constituyente para la Refundación de Honduras? ¿En qué fase del proceso de lucha de la Refundación de Honduras nos encontramos? ¿Qué hacer en este momento para producir una auto-convocatoria efectiva que produzca indefectiblemente una Asamblea Popular  Nacional del Soberano por la Refundación de Honduras? ¿Cuáles son los pasos que ha de seguir el Frente Nacional de Resistencia Popular para que el Soberano pueda auto-convocarse e instalar una Asamblea Popular Nacional para la Refundación de Honduras? ¿Si el imperio norteamericano y la oligarquía burgués- terrateniente son los autores del golpe a la incipiente democracia hondureña, podría esperarse su reconocimiento y legitimación de una Asamblea Constituyente auto-convocada por el Soberano? ¿Qué haremos con el millón trescientas setenta y cuatro mil declaraciones soberanas por la Constituyente para una nueva Constitución?

Indudablemente, tenemos más interrogantes que certezas. A pesar de ello, nos favorece la experiencias misma de nuestro pueblo, es decir, nos favorece el despertar de su conciencia como Soberano, como propietario de su voluntad para producir un nuevo contrato social capaz de refundar Honduras, de resolver de manera definitiva no sólo los problemas consecuencia de la Corrupción Política que nos ha arrastrado a niveles intolerantes de barbarie y miseria.

Pero no se trata de firmar un romántico Contrato Social. Se trata de intereses geopolíticos y estratégicos del Imperio Norteamericano en Honduras, se trata de una oligarquía conservadora, capaz de las más insospechadas y horrendas maniobras para salvaguardar  sus haciendas, para proteger sus capitales acaudalados en el manoseo y control del Estado.

La respuestas a algunas cuestiones son aparentemente sencillas. Una constitución es un cuerpo de leyes. Pero en cada Constitución y su cuerpo de leyes se encuentran los intereses de clase, los intereses de los grupos de poder, y las leyes llegan menos que a ser mecanismos y subterfugios de conservación de un status quo, es decir del poder de los grupos que las constituyen.

En Honduras la historia de las constituciones ha sido la historia de los golpes de estado. Después de cada golpe de estado se ha escrito una “nueva constitución” según los intereses de los grupos de poder, de clase, y adecuados a los dictados expresos del Imperio gringo, los mandamases y capataces de las transnacionales en el patio.

La diferencia del último proceso de golpe de estado consiste en que se dio para frenar un proceso de instalación de una asamblea nacional constituyente dirigida hacia los intereses del Soberano, del pueblo, lo que la oligarquía observó como un “golpe de estado” contra sus intereses”.

El líder de este imbricado fenómeno político ha sido identificado como Manuel Zelaya Rosales, encarnación de los intereses del Soberano, figura emblemática, catalizadora y fermento de la emoción popular que se orienta hacia el seguimiento de la Instalación de la Asamblea Nacional Popular Constituyente Refundacional.

Indudablemente transitamos por un tortuoso camino en que se cruzan y chocan los intereses de sectores dominantes y dominados, entre burgueses, terratenientes, industriales, militares, embajadores; por un lado, y campesinos, obreros, artistas, intelectuales,  aborígenes, comunidades culturales, pequeños comerciantes, desempleados y miles y miles de descamisados; por otro.

Sin embargo, un cuerpo legislativo, una ley o una constitución por sí misma no hacen la realidad de la justicia. El sentido de la Refundación de la nación por la acción misma del Soberano mediante un nuevo Contrato Social, no es otra cosa que la construcción de NUEVAS RELACIONES HUMANAS DE LAS PERSONAS DEL PAÍS. Esto implica que hay que tejer una nueva Constitución Nacional del Pueblo, del Soberano, en las relaciones sociales mismas de las personas y organizaciones del pueblo.

La construcción de este nuevo tejido de relaciones humanas de las personas del país y de las organizaciones que han construido el Frente Nacional de Resistencia Popular constituye únicamente la VOLUNTAD DE PODER DE CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN REFUNDACIONAL DE HONDURAS. Indefectiblemente esta voluntad de poder chocará con los intereses de los sectores dominantes que movilizarán todos sus recursos para que El Soberano no logre REFUNDAR HONDURAS. Y tendrán el respaldo directo, económico, político y militar del Imperio norteamericano.

DEBEMOS PREPARARNOS PARA LA FASE INSURRECCIONAL DE LA AUTOCONVOCATORIA A LA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL CONSTITUYENTE PARA LA REFUNDACIÓN DE HONDURAS.

Esta necesidad exige la estrategia clave del proceso: LA UNIDAD DE TODOS LOS SECTORES DOMINADOS auto-convocados-activados-en insurrección y desobediencia al gobierno espurio de facto.  LA CLAVE DE LA AUTOCONVOCATORIA CONSISTE EN LA DESOBEDIENCIA ACTIVA EN UNIDAD ABSOLUTA DE LOS SECTORES DOMINADOS HASTA LA INSTALACIÓN DE LA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL POR LA CONSTITUYENTE PARA LA REFUNDACIÓN DE HONDURAS MEDIANTE UNA NUEVA CONSTITUCIÓN POPULAR, PARTICIPATIVA, REVOLUCIONARIA Y SOCIALISTA.

Las tareas inmediatas que exige el proceso:

1. Acelerar la organización de los colectivos en resistencia bajo la consigna de la Desobediencia Civil Unificada hasta la instalación de la Asamblea Popular Nacional Constituyente.

2. Ampliar la capacidad de poder insurreccional mediante acciones de compromiso con la auto-convocatoria activa y la movilización  de las personas que han solicitado COMO SOBERANOS LA INSTALACIÓN DE LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE. LOS QUE FIRMAMOS LA DECLARACIÓN SOBERANA DEBEMOS RESPONDER POR ELLA CON ACCIONES DE INSURRECIÓN Y DESOBEDIENCIA CIVIL.

 3. El Golpe de Estado desenmascaró ante nuestros ojos a las personas que constituyen los grupos de poder que mantienen en la barbarie y la miseria al Soberano. La lucha de la RESISTENCIA HONDUREÑA nos desenmascaró a nosotros mismos como verdaderos constructores del país que anhela el Soberano o como farsantes pseudo-revolucionarios. La Refundación comienza con nuestro compromiso personal y directo por la Refundación del país, de la NUEVA NACIÓN HONDUREÑA DEL SIGLO XXI.

 4. EL RETORNO DEL PRESIDENTE MANUEL ZELAYA ROSALES ES CLAVE PARA ACELERAR LOS PROCESOS DE ORGANIZACIÓN, DESOBEDIENCIA CIVIL E INSURRECCIÓN POR LA INSTALACIÓN DE LA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL CONSTITUYENTE, PERO NO ES IMPRESCINDIBLE ANTE LA URGENCIA HUMANA QUE VIVE NUESTRO PUEBLO SOBERANO.

A los sectores dominantes se les cayó la máscara como personas inmorales que mantienen sus inmundas riquezas sobre la miseria y la muerte indigna del Soberano. Tienen el poder, pero no tienen la razón, ni la moral, ni la LEY.

A nosotros, el Soberano, se nos debe caer nuestra máscara para quedarnos solos con esta podrida vida de hambre, miseria e injusticia, o REFUNDAR HONDURAS CON LA DIGNIDAD QUE DA LA RAZÓN, LA MORAL Y LA LEY.  

 NUESTRO PODER ES LA INSURRECCIÓN POPULAR, LA DESOBEDIENCIA CIVIL OPRGANIZADA POR LA REFUNDACIÓN DE HONDURAS EN LA PRÓXIMA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL CONSTITUYENTE AUTOCONVOCADA POR EL SOBERANO.


¡TODOS POR LA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL CONSTITUYENTE AUTOCONVOCADA POR EL SOBERANO!

¡VIVA EL SOBERANO HONDUREÑO EN INSURRECCIÓN Y DESOBEDIENCIA CONTRA LA OPRESIÓN DE LA OLIGARQUÍA!

¡VIVA LA PATRIA HONDUREÑA LIBERADA DEL IMPERIO YANKY!

 
 
 
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HERENCIA INDISCUTIBLE
 


La herencia indiscutible de la Ilustración y del Marxismo, a parte de la visión totalizadora, del consenso criticado por Lyotard, es la voluntad de avanzar hacia una sociedad donde las igualdades permitan un equilibrio que beneficie a la humanidad. Lo cuestionable en Marx es conferir esta voluntad de manera exclusiva al proletariado, lo mismo que Marcusse se la confirió a la juventud de mediados del siglo XX. 

Sin embargo, es el poder de un consenso sustentado en un conocimiento común, en un proyecto de sociedad con el que se identifiquen la mayoría de los miembros de la sociedad, lo que determina la acción transformadora de la sociedad actual. En la construcción de ese consenso, de ese discurso que asimila el ideal de la mayoría, la importancia de la unidad del lenguaje es incuestionable. El interés común a la mayoría de la población sólo puede articularse a partir de conceptos que cohesionan y consolidan ese interés a partir de su problemática específica. 

En ese sentido, el aporte del Marxismo es sumamente valioso. Los conceptos clasistas permiten clarificar la relación de los individuos con la riqueza y la manera en que esta se produce. Sin esa base conceptual, el discurso se disarticula, se atomiza y se pierde. Por eso es que el discurso neoliberal tiende a generalizar un concepto de democracia en el que desaparecen por arte de magia las desigualdades, aunque a todas luces los beneficios de esa democracia sean exclusivos para quienes ostentan el poder económico. El discurso neoliberal esconde de manera deliberada que el desarrollo alcanzado por las naciones más avanzadas del mundo se ha sustentado en un discurso clasista que permitió a la Clase Obrera las mayores conquistas sociales.

Aunque el concepto de consenso genere reticencias en algunos pensadores contemporáneos, bien sustentadas o no, la necesidad de construirlo y convertirlo en herramienta de lucha de las mayorías desposeídas es indiscutible para hacer marchar a la humanidad hacia su emancipación. Tampoco entra en discusión la importancia del diferendo (diferencia de criterio) para lograr un discurso verdaderamente pluralista y participativo, sobre la base de la transformación de las esructuras opresivas de este sistema.

En la actualidad, todo el aparato de comunicación ideológica manipula la conciencia de la mayoría imponiendo de manera arbitraria un discurso clasista que favorece los intereses exclusivos de quienes históricamente han mantenido el poder económico y político. Si la mayoría rechaza este discurso y se moviliza por alcanzar sus conquistas, no dudarán en ningún momento en su aniquilación para mantener el statu quo, por lo que se hace necesario fortalecer un diferendo que genere la transformación de la sociedad, es decir, que es preciso democratizar el uso de los medios de comunicación o por lo menos elevar la voz del diferendo desde cualquier espacio para avanzar hacia una verdadera democracia.

Reivindicar no sólo los conceptos marxistas que han permitido el avance de la sociedad actual, reivindicar una ética que valore de manera positiva el criterio constituido por el diferendo. Plantear de manera clara un discurso clasista que confronte al discurso neoliberal, que se sustente en los intereses reales de los trabajadores. Así se propiciará el consenso de y por la mayoría.


El abusivo control de los medios de comunicación, la imposición del discurso dominante no sólo ha llevado a una postración humillante del discurso revolucionario, sino a una negación manifiesta del verdadero ser de la mayoría oprimida.

La conciencia del hombre común está embuída en un discurso disociado de su propia realidad, en una invención que trata de ocultar la esencia del ser del hombre. Que se opone abiertamente a toda forma de expresión revolucionaria, que le teme a la propiedad colectivizada, a la distribución equitativa de los recursos, a la planificación estratégica en base a las necesidades de la mayoría; en fin, un discurso ajeno a la realidad laboral. Un obrero es y no es un obrero si nos atenemos a las ideas que predominan en su pensamiento que, en definitiva, son las que determinan su participación en la transformación de la realidad.

Los Medios de Comunicación Masiva han sido los responsables de sostener una verdad a todas luces divorciada de la realidad, han castrado el sentido crítico del hombre, han estandarizado el mito de una democracia sustentada en el vacío, han frenado la posibilidad de un ser humano autónomo, que se identifica con el progreso de la humanidad; han roto el vínculo del hombre con el sueño de una sociedad justa, han entronizado la mentira, han mentenido en el poder a los corruptos, han corrompido el sentido revolucionario de la mayoría. Han realizado de manera efectiva la tarea de ocultar las luchas que llevan a cabo los obreros de todo el mundo,  luchas que constituyen la evidencia de que los conceptos revolucionarios continúan vigentes.

El mayor éxito del Imperialismo ha consistido en hacer una conexión directa entre revolución y terrorismo, y quizás por esta poderosa arma de desmovilización, las mayorías no encuentran las formas de acción revolucionaria que rompan ese extigma.
Romper ese estigma en la  acción revolucionaria constituye un reto creativo de las organizaciones revolucionarias. Crear un discurso revolucionario que ataque de manera directa las bases del discurso dominante implica revisar las actuales formas de demanda y de lucha revolucionarias, crear nuevas formas de lucha que, en sí mismas, contituyan un escudo contra la inevitable intención aniquiladora del Imperialismo.

Ese discurso nos tiene que llevar a pensar en un hombre que es capaz de reinventarse a partir del discurso dominante con que ha sido llenado. La voluntad de crear a ese hombre sólo puede lograrse a partir de aceptar la esencia revolucionaria de una de nuestras mayores herencias, la de la Ilustración, especialmente la del Marxismo.





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® LA GLOBALIZACIÓN: ÚLTIMA CARA DEL IMPERIALISMO
 
 


Cuando echamos una ojeada al contexto contemporáneo, no podemos dejar de experimentar cierta repulsa hacia la actitud abiertamente despótica del Imperialismo. Guerras, bloqueos, imposición de medidas económicas, destrucción de los sistemas de protección social, freno de las reformas, calumnias contra los pueblos que tratan de implementar sus propias estrategias de desarrollo, persecusión de inmigrantes, deportación, saqueo de los recursos de los países del tercer mundo, reducción de los estados para favorecer al monopolio capitalista, imposición de la información, etc., etc. 

Lo que los promotores de la expansión imperialista entienden como progreso se traduce en expoliación de los pueblos de la periferia. La globalización es ese proceso que avanza hacia la recuperación del poder económico de la metrópoli norteamericana, proceso en permanente evolución degradante de la calidad de vida de los más pobres. Los fenómenos más notables de nuestro tiempo son aquellos empujados por ese interés de recuperación de Estados Unidos de Norteamérica, fenómenos que modifican de manera profunda la relación de poder en el orbe. Mientras el imperialismo hace gala de su poderío militar, las naciones en relación de dependencia profundizan su miseria, aumentan su desventaja competitiva y recrudecen los padecimientos de una población históricamente relegada al simple papel de expectar su muerte. 

La desintegración del bloque socialista ha desencadenado una hambrienta rapiña de mercados, una repartición de poder que se lleva de encuentro a la mayoría de la humanidad mientras se cacarea la construcción de un “nuevo orden mundial” del que la mayor parte de la población del planeta sacará únicamente más hambre y desolación. Por ello aún existe resistencia. Los pueblos, los sectores más desfavorecidos no asimilan un discurso tan abiertamente demagógico que pregona la libertad y les solicita una humillante sonrisa antes de morir. 

El imperio continúa expandiéndose y reclama una cuota de participación a las buenas o a las malas. Los procesos de reestructuración de las economías exigidos a las naciones de la periferia no están diseñados para resolver su problemática doméstica, sino para resolver el enorme déficit económico de Los Estados Unidos de Norteamérica. Esa es la estricta verdad del modelo neoliberal. Quienes lo implementan en las naciones de la periferia son aquellos canallas que históricamente le volvieron la espalda al hombre y colocaron su mira en el más vulgar de los materialismos, quienes traicionan constantemente a millones y millones de seres humanos que abrazan inocentemente el ideal de una democracia que se sustenta en el embuste. 

El Tío Sam está diezmado económicamente y trata de extraer su capacidad perdida en el último recurso que le queda, el poderío militar. 
La trampa de la revolución 

Aquellas revoluciones que descansaron en el hipócrita respaldo de la Unión Soviética Stalinista cayeron en la trampa del callejón sin salida del capitalismo y destruyeron la motivación principal de construir una sociedad distinta. El antagonismo del capitalismo con la sociedad socialista es definitivamente insondable, abismal, imposible de conciliar con tratados de pseudo convivencia pacífica. Donde haya un brote de intenciones socialistas, el imperialismo atacará de manera inmisericorde sin importarle el número de vidas que se lleve de encuentro. El imperialismo se sostiene en el robo sistemático del poder popular, en la guerra fraticida, en los levantamientos fácilmente abortables, en la distorción de los procesos económicos autónomos, en la imposición de sus condiciones de mercado. Por eso las revoluciones que se lleven a cabo en su traspatio, si no constituyen verdaderos proyectos de participación popular, se autocondenan al fracaso. 
La trampa de la democracia 

La integración de los militantes de izquierda en la cúpula gubernamental o en estructuras que se apropian el protagonismo de lucha de los pueblos actúan de manera equívoca pues readecúan el discurso neoliberal legitimando la desmovilización de los sectores populares y ensanchan su respaldo al stau quo. 

Devalúan los conceptos de lucha y los contenidos revolucionarios que podrían convertirse en verdaderos ejes de transformación revolucionaria. Si partieran de una verdadera intención de cuestionamiento del sistema en su totalidad tendrían más tiempo para acompañar a la población en su necesidad organizativa con carácter movilizador, pero continúan aterrorizados por el poder del imperialismo y se muestran completamente catequizados con el discurso humanitarista neoliberal. 

Revolución tecnológica y capitalismo sin barreras 

La nueva forma de expresión del capitalismo está acuñada por una “economía virtual”. El avance tecnológico de la informática, la microelectrónica, las telecomunicaciones y la robótica, abarca todas las esferas de la sociedad actual y su aplicación en la investigación científica, en la economía, la biogenética, la salud, etc., empieza a generar un choque directo en las estructuras culturales creando nuevos mercados. Entre estos, el de la información tiene una importancia particular pues las redes de información global (Internet) constituyen una manera ficticia de producción que infla de manera descontrolada el valor de los productos reales. Las grandes empresas son virtualmente “más caras” de lo que en realidad son capaces de producir. 

Este mercado de la especulación genera un movimiento de capital sin posibilidades de ser controlado ni regulado por nación alguna. La movilidad del capital ha alcanzado una total libertad que supera todas las barreras imaginables y las naciones con sus structuras financieras oficiales son incapaces de controlar los negocios que a través de la red realizan los grandes consorcios mundiales. 

En la era de la globalización las fronteras de las naciones pobres no existen, sus economías son tan frágiles e incapaces de resistir que su competencia es definitivamente imposible. 

La situación es más grave en tanto que no existe un equilibrio monetario o una moneda única sobre la que se puedan realizar las transacciones económicas con un mínimo de posibilidades de equidad. Las monedas más fuertes se fortalecen y las más débiles tienden a debilitarse aún más en detrimento de los menos favorecidos. Los estados no tienen ya ninguna capacidad de determinar el valor de su moneda, el valor intrínseco de la misma lo determina, ahora, una economía que sobrepasa sus posibilidades. Según la experiencia de la economía actual, los estados no existen, lo único existente es la infinita libertad del capital. 
Los Bloques 

El gobierno del mundo está determinado realmente por la estrategia de fortalecimiento de las grandes transnacionales y holdings, quienes se distribuyen o dividen los mercados y la riqueza del planeta sin considerar los problemas más urgentes de la humanidad, explotando hasta la última gota de energía de los obreros y haciendo descansar su opulencia sobre los hombros hambrientos de las multitudes. 

No es preciso rebuscar en los datos presentados públicamente por la ONU en relación a que la globalización ha profundizado los niveles de pobreza y miseria de las enormes mayorías desposeídas de la humanidad, quizás son tan moderados y mentirosos como los intereses que pretenden defender, la realidad es tan evidente que en cada espacio capaz de ser abarcado por los ojos de cualquier ciudadano se constata una continua degeneración en la calidad de vida y una profundización de la miseria que es imposible sostenerla con informes incapaces de sensibilizar la voracidad de un sistema irracional y antagónico a la vida. 

La globalización es el nuevo look de un sistema rapaz caracterizado por la concentración de la riqueza y el poder en las manos anónimas de un pequeño grupo. Es la decisión tomada en la oficina de un rascacielos de Nueva York que afectará negativamente la vida de millones y millones de seres humanos alrededor del planeta, y se convertirá en una exquisita cifra que hará brillar los ojuelos de unos bribones que jamás conocieron este mundo en que vivimos la mayoría. 

Pero todo tiene fin. Así como los estados empiezan a desaparecer ante el extraordinario poderío de la globalización, la globalización y el imperialismo desaparecerán cuando comience el poderío de los obreros que luchen por destruirlo. Cuando comience la lucha, es decir, hoy. 

® LA ESTRATEGIA NEOCOLONIAL DEL IMPERIALISMO 
(2002)


La dependencia de América Latina en relación a Los Estados Unidos, más que un hecho de carácter histórico, es un acontecimiento que se ha acomodado y ha determinado el orden del pensamiento político de quienes dirigen los destinos del subcontinente. Para estos, el crecimiento económico de cada nación está intimamente ligado con el crecimiento de la metrópoli. No obstante, esta visión ha chocado insistentemente con la realidad. Las burguesías del “traspatio” imperialista han tenido que verse sometidas no sólo a los vaivenes económicos que impone el mercado norteamericano y el de sus socios europeos, sino a las medidas de orden político y militar. A partir de la década de los setentas, el imperialismo norteamericano profundizó la dependencia y aplastó las manifestaciones de descontento social con golpes de estado militares, avanzó con su carrera de dominio expansionista militarizando las sociedades latinoamericanas, incrustándose con sus aparatos de inteligencia en las estructuras progresistas, manipuló y humilló a una burguesía apátrida y entreguista que jamás pudo interpretar que la escalada imperialista únicamente resguardaba sus propios intereses. La destrucción de las estructuras estatales que implicaban mayor atención a los problemas sociales fue la bandera del neoliberalismo durante los ochentas, y con ella, se instauraba un nuevo formato de coloniaje. Las “Medidas de Ajuste Estructural” no han buscado otra cosa que acomodar las empobrecidas y saqueadas economías de América Latina a los enormes desajustes del capitalismo norteamericano. 

Pero sería impreciso justificar la subordinación de las burguesías locales aduciendo ingenuidad o ignorancia. Las burguesías locales deben entenderse, a partir de su sometimiento, como apéndices de la escalada neocolonial, ya que usufructúan la plusvalía de la inversión capitalista norteamericana o, en el menor de los casos, se constituyen en administradores o capataces de la propiedad transnacional. Por eso no se inmutan ante el vergonzoso papel de fantoche que desempeñan los gobiernos locales a través de sus instituciones. Como buenos y obedientes conserjes de alta categoría, van y vienen mostrando con arrogancia su indigencia política. 

Mientras el imperialismo norteamericano saquea a las naciones de América Latina con el pago forzoso de la deuda externa, las burguesías locales, parásitas ideológica y económicamente del imperio, saquean sin ningún reparo nuestras destartaladas economías y descaradamente extraen el jugo de las arcas del estado ya sea de manera directa o a través de subterfugios eufemistas de “apoyo a la industria, el comercio y la banca nacional”. 

Uno de los signos más evidentes del neocoloniaje es el saqueo descarado. 

El vínculo directo entre el imperialismo y las burguesías de su traspatio consiste en una alianza de saqueo despiadado de nuestras economías. Participar en el festín del Tío Sam requiere un boleto sellado con privatizaciones, planes económicos asesinos, y la consabida y absoluta libertad de movilización del capital transnacional. Los “ajustes” son ese boleto, son la contraseña con que las burguesías pueden continuar succionando la escuálida sangre de los pueblos latinoamericanos. También son la contraseña de entrada del capital transnacional que poco a poco se ha ido adueñando de las empresas de capital nacional cambiando la estructura económica de nuestros países y facilitando un usufructo que no deja ninguna posibilidad de crecimiento real de nuestras economías pues todas las ganancias generadas por los mercados “nacionales” tiene el mismo destino del capital de inversión. 

No es dificil saber que nuestra fuerza de trabajo no construye su propio destino, sino que camina únicamente hacia su paulatina extenuación. 

Las privatizaciones jamás dejarán de ser una vil patraña de negocios oscuros fraguados con capital especulativo, para revender al menudeo los derechos adquiridos con enorme sacrificio por los pueblos latinoamericanos. La energía eléctrica, la salud, la educación y las comunicaciones, son un exquisito banquete de negocios que únicamente pueden consumir cada vez menos personas, bienes que han crecido no por otra cosa que la fuerza de esos trabajadores a los que se les pretende arrancar sus derechos más esenciales. 

La forma de trabajo que acompaña al neocoloniaje es la fábrica maquiladora, empresas de capital transnacional que importan maquinaria y materia prima, usan nuestra fuerza de trabajo y reexportan nuevamente a los E.U. llevándose junto a la plusvalía la posibilidad de reinvertir nuestro propio capital, dejándonos una población que no puede aspirar a concluir su educación básica y condenándola a permanecer como fuerza bruta no calificada. 

Las crisis económicas actuales en América Latina son una expresión de lo que es capaz de producir la voracidad del capitalismo transnacional contemporáneo. Cuando la economía de los países latinoamericanos descansa en la presencia del capital transnacional, el crecimiento y bienestar real se produce en el país de donde se origina dicho capital; en cambio, la realidad de la economía nacional muestra un debilitamiento cercano al colapso. 

La verdadera soberanía de un estado se mide en relación a la fuerza de su moneda. Si la moneda de una nación es inferior a otra, con la que mantiene relación directa de intercambio, aquella ejerce un dominio real. Las monedas son signos que reflejan la realidad mostrándonos la relación política de las naciones. En este caso se trata de una forma de representación del dominio y la dependencia, la transnacionalización y la desnacionalización… 

En este sentido, las instituciones del estado destinadas a la protección social se perciben como cargas inútiles que obstruyen el efectivo suficiente para el pago de la deuda externa. 

Para mayor desgracia, nuestra dependencia no es hacia una nación débil, sino a la economía más fuerte del mundo. El descomunal poderío económico de los E.U. genera la adhesión de otras naciones burguesas, especialmente la europea, que le otorgan un incuestionable y casi absoluto poderío político y militar con el que imponen regímenes, llevan la guerra a cualquier parte del mundo con credenciales de democracia, con la verdad indiscutible del capital. 

Las naciones que cuentan con las economías más fuertes de A.L. se encuentran bajo una supervisión escandalosa por parte de los Organismos Financieros Internacionales, y siguen a pie juntillas sus dictados en materia de planificación económica y política.