lunes, 17 de abril de 2017

Chocaron las botellas, y se las empinaron, convencidos de su ineludible muerte.









Tantas cosas que teníamos por hacer
y las abandonamos.

Mejor hubiera sido detenernos y morir aquella noche de lluvia
en que aún escuchábamos la tonada de Buena Vista Social Club
en el billar de Villeda. Antes de habernos dado un nombre.

Quedémonos aquí, dijo Nelson, esa noche,
ese hijo de puta de Gustavo jamás vendrá, se perdió él solito…

Algo anda mal con él.

Gustavo había muerto años atrás, solitario en la habitación oscura.
Pero no nos abandonamos a la idea de desaparecer en esa noche.
Yorch dijo que era pertinente crear algo, que no nos dejáramos arrebatar la fiesta.
Mantengámonos firmes en esta idea, dijo, esta letra nadie la borrará, sentenció. Nunca.
Darío escuchó esa palabra “nunca” como un mazazo en los ojos.
Todo lo sabemos ahora, volvió a decir Yorch, pero se necesita un esfuerzo.

Y así lo resolvieron.

Al siguiente día murieron. Sus trabajos no llegarían de ninguna manera a ningún destino. Por muy salvaje que a ellos les pareciera.

Después de algunos años, los Poetas del Grado Cero apenas eran recordados por ellos mismos, pero la lluvia no borró la última letra, porque la escribieron en la viga que el agua no azota durante la lluvia.

- Que traigan otras cervezas, dijo Nelson, cuando la lluvia arreció. Su carro aguantaba el torrencial estacionado debajo de una palma amarillenta.



Chocaron las botellas, y se las empinaron, convencidos de su ineludible muerte.





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