lunes, 4 de abril de 2016

SOBRE LA PIEDRA DEL RÍO, UNA MUJER








SOBRE LA PIEDRA DEL RÍO, UNA MUJER



Por Jorge Martínez Mejía


A Berta Cáceres



Yo escuché la voz del río Gaulcarque por la tarde.

Él dijo que triunfaríamos, no dijo que sería fácil, ni dijo cuándo.

Nuestra casa era nueva, yo la quería poblar de nuestras voces y de nuestras flores, llenarla de tierra fresca del bosque y de las risas antiguas del río.

Desde Wall Street, de ese lodo donde se respira el confuso aire del capital y el veneno; escondida en lienzos de años de borrachera colonial,

vino una pistola marcada con mi propia sangre y me apuntó directo a la cabeza.

Era la 1 de la madrugada, la hora virgen.

Juro que no traía nada conmigo, más que la voz del río Gualcarque y la firme certeza de saber quién disparaba en mi cabeza.

Quiero que sepan que no grité, que siempre estuve lista, a pesar del miedo para enfrentar a los espíritus robadores.

Confieso que es molesto comprobar el atraco a la esencia de nuestra vida sin posibilidad de defensa, sin más arma que la esperanza.

Sé que miles de muertes se repetían en la mía, pero también tuve la certeza de nacer en miles de voces, voces mías, de mis entrañas de río, de mis hojas de árboles, de mi mundo cayendo.

Cuando sabés que los ríos pueden morir, que la madre tierra puede morir, cuando sentís que la tierra, el bosque y los ríos han confiado su vida en tus manos, lo único que te salva es haber ofrendado tu vida por ellos.

Ahora tengo miles, millones de días claros, aprecio el olor de la hierba en los remansos.

Esa tarde, sobre la piedra del río Gualcarque lo supe, muchos moriremos en defensa de la vida en la tierra, pero pocos podremos escuchar la maravillosa canción de nuestro río.



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