sábado, 16 de junio de 2012





ESTUDIO PARATÓPICO SOBRE JORGE MARTÍNEZ MEJÍA Y LOS POETAS DEL GRADO CERO

LA LITERATURA NO ES NECESARIA

Anne Pols Godard d’ancour
Universidad de Paris 12,
LI.RI.CO. (RB 2666)


"El escritor no tiene por qué ser [...] para permitir el espacio de su trabajo a través de este defecto" (Maingueneau, 2004: 85). “El autor debe morir, para allanarle el camino a su obra”. (la muerte del autor proclamada por Barthes) o el contexto (en alusión a la condición marginal puramente sociológica del escritor). Quien propuso la noción de paratopo para superar el dualismo entre texto y contexto fue Maingueneau. El autor se construye mediante la producción de su obra, en la que, paradójicamente, desaparece.

A partir de esta cuestión de la suspensión como característica fundamental del paratopo, explicaremos el caso concreto de Yorch Martínez Mejía. Poeta del Grado Cero, figura muy poco conocida en la literatura hondureña, y cuya existencia parece legitimar no sólo el proceso de construcción de un movimiento literario, sino la construcción de una obra en la que él mismo, como autor, desaparece. En primer lugar se presenta al autor, y se describen los cuatro rasgos del paratopo y su definición, finalmente, trataremos de demostrar que el paratopo caracterizado por la inestabilidad y el no-lugar construye una figura central en esta tradición literaria a la que pertenece. La afirmación de Maingueneau ("el escritor no tiene lugar") adquiere, en el caso de Yorch Martínez, el doble significado de la expresión como un escritor que no tiene lugar y que no tiene fin, que existe sin ser.


El caso

Nacido en una familia de extracción campesina y pequeño burguesa que se construyó en un escenario de campesinos y proletarios, Yorch Martínez Mejía nació en Las Vegas, Santa Bárbara, Honduras, Centro América, en la segunda mitad del siglo XX. La familia Martínez Ávila llegó a las minas de El Mochito procedente de las minas de San Juancito, Francisco Morazán, y la familia Mejía Mejía de San Francisco de Ojuera, en Santa Bárbara. Ambas familias presionadas por el enclave minero se dedicaron al comercio en las aldeas El Mochito y Las Vegas, Santa Bárbara. La actividad comercial de Las Vegas y El Mochito estaba directamente vinculada a la vida cultural y económica de la ciudad de San Pedro Sula. En 1973, con tan sólo 9 años, Yorch Martínez hace su primer viaje en solitario  a la ciudad de San Pedro Sula. Este dato, aparentemente inocuo, nos revelará posteriormente el sentido de orfandad de la generación de escritores nacidos en la década de los sesentas y la relevancia cultural de la ciudad de San Pedro Sula en la construcción del imaginario colectivo de la Costa Norte hondureña, y en la pujante construcción de narradores que bogan por un discurso que les legitime como ciudadanos reconocidos por su propia comunidad. Además,  revelará  que la mayor parte de escritores de la ciudad de San Pedro Sula no están ligados a las familias pudientes que intentan imponer su discurso cultural como forma de sometimiento, sino a familias excluidas del poder económico y de extracción popular que resisten y avanzan en la construcción de un imaginario que las legitima a pesar de las dificultades y desafíos que esto implica.

Porque, con evidencia adquirida en los últimos meses próximos a la elaboración de este estudio, la producción literaria, narrativa o poética, trata de ser ignorada y abiertamente excluida de la cultura de la ciudad de San Pedro Sula y del país en general.

De hecho, a pesar de haber navegado entre los acontecimientos históricos claves del 69 y el 87, para la vida de Las Vegas, S.B. (La guerra del fútbol y la Huelga minera) sin una inducción artística ni política,  en 1978 escribe sus primeros poemas de abierta influencia gongorina con claras luces políticas “Arrepentiraste haz del día, del no día blanco, de los ojos que buscan saber, del libro oculto al ignorante…”. O el soneto recuperado completo de un boletín del colegió donde inició sus estudios, que profetiza su destino:

Con mis pobres ojos de poeta veo la muerte
y su ardoroso fuego disfrazado con la vida,
veo la pompa de la rosa estremecida
y el mágico momento del amor oscurecerse.

Mi canto soñó cantar eternamente
una canción que apenas será oída,
voz en medio del griterío fenecida,
miserable y soberbia, ilusa, repugnante.

Hoy un rictus mortal ha de cerrar mi boca,
pero algo ha de quedar de mi voz viva,
quizás la tenaz presencia de la muerte,

o el inútil afán de ver mi pose altiva.
Triste destino: reírme de mi cara loca
y finalmente, jamás volver a verme.


Durante diez años buscará por diferentes vías encontrar un camino de expresión en la poesía, hasta publicar en el boletín alternativo universitario Analte, sus primeros poemas con una clara visión política, contestataria, y calidad literaria que será valorada por Helen Umaña al publicar en la Revista Cronopios el poema “Palabras de poco tiempo y viceversa” (Diario Tiempo 1988). Yorch Martínez encuentra finalmente en su producción una pieza  con suficiente valor literario como para continuar tras la construcción de una obra identitaria que le permita expresar su exacta vivencia de marginalidad cultural. En el poema Palabras de poco tiempo y viceversa,  podrían encontrarse las claves de su búsqueda poética, y en el título la frase que posteriormente marcará su desencanto con la poesía misma como instrumento útil para resolver las grandes necesidades de su sentido de orfandad existencial. La literatura pasará a ser entonces su principal hogar y la metáfora la figura cardinal en la cual se transmutan sus  más profundas inquietudes espirituales. En 1994 concibió uno de sus proyectos más importantes: La Revista de Literatura METÁFORA;  como síntoma de la necesidad de construir un mundo textualizado con sus elecciones y preferencias literarias y artísticas. Radicado en la ciudad de San Pedro Sula publicará en 2004 su primer libro Papiro con una enorme exigencia formal y una versatilidad emocional que le permitirá hacer de su propuesta un mural de su pensamiento creativo y un trazo de su evolución  estilística autocrítica. Asimismo se producirá su desarraigo con el pueblo de origen hasta su muerte en el año 2011.

En síntesis: nace en un pueblo de enclave minero y muere en la ciudad de San Pedro Sula. Aunque esta lexía se observa rasa, se trata de un viaje sin retorno, de una búsqueda de sí mismo en una urbe dominada por una pujante tradición comercial sin interés en la vida cultural y artística. Es aquí donde se marca la negación del paratopo. Su permanencia en San Pedro Sula sólo puede justificarse en la medida en que se inscribe en las necesidades de tipo económico, ya que su acción artística y cultural, como la de muchos escritores, pasará desapercibida por la ciudad  misma como organismo culturalmente vivo.

Esta realidad paratópica es visible en la ciudad de San Pedro Sula, pero se vuelve más evidente en la medida que se abre el espectro visual hacia las márgenes del Valle de Sula y las provincias aledañas.

Poeta, narrador y ensayista, editor, teatrista, dramaturgo, profesor de literatura, instructor de artes plásticas, pintor, organizador de eventos culturales, de tertulias, recitales, mítines políticos, presentador artístico, diseñador, documentalista, actor de cine, gestor cultural y promotor de la organización cultural; su radio de acción se despliega a varios niveles del hacer cultural en una dinámica que va más allá de la actividad textual y se inserta en una paratextualidad que abarca al conjunto de los creadores de literatura y arte en la ciudad que habita.

De hecho, en una ciudad normalmente culta, su muerte hubiera despertado mayor interés y resonancia, comentarios de su obra, tertulias, artículos, alguna conferencia o al menos la publicación de su obra inédita que implica doce libros. Sin embargo, el paratopo  de su quehacer artístico se difumina absorbido por una enorme masa de estulticia que sólo puede recordarnos el malestar de Erasmo de Rotterdam en su Elogio a la locura.

Su identidad es muy inestable en sus orígenes y se ve marcada por los elementos icónicos de una anacrónica percepción del poeta como un ser de la bohemia romántica y modernista de la Belle Époque, distante cien años exactos hasta la fecha de su muerte. Sin embargo, casi al final de su proceso de concienciación de identidad, rechaza toda la parafernalia identitaria del poeta romántico y rompe de manera radical con la cadena del proceso de la producción literaria convirtiendo la ruptura en el tema central de su propuesta narrativa con los libros Las Causas perdidas y Los Poetas del Grado Cero.

Los rasgos del paratopo

Considerando los dos grandes momentos de Yorch Martínez en su proceso creativo, y las múltiples funciones que desempeña en el proceso de producción cultural y artística en la ciudad de San Pedro Sula, se nos hace relativamente fácil reconocer  los elementos básicos del paratopo, sus rasgos característicos:

·         La partida, el anacronismo literario, la concienciación del acto creador, la ruptura estilística, y el paratexto.

Los dos primeros rasgos del paratopo se relacionan directamente con el paratexto, en el sentido del contexto anacrónico.

El tercero y cuarto elementos se relacionan como antagónicos de los dos primeros y del contexto anacrónico, y están vinculados con su papel como lector y escritor; en cambio, los dos primeros parecen estar vinculados con su desempeño como editor y promotor de literatura. Habría que considerar también, dentro del rasgo de ruptura, su cambio de enfoque como editor, al romper con la forma clásica de producción de libros, por la predilección del cartón y el diseño artesanal, e interpretarlo como una necesidad de vuelta al origen, es decir, al punto de partida.

Habría que considerar que su viaje y partida, en el paratopo, tienen la forma de incursiones esporádicas a dos sitios completamente desconocidos. Uno marcado por la necesidad económica de su familia que lo empuja a viajar solo por las  calles de la ciudad de San Pedro Sula, y el otro en el mundo fantástico de la literatura por los recurrentes e inesperados encuentros con las obras claves de su formación como lector, ya sea porque alguien deja olvidado El ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, en la máquina de coser de su casa, o porque se encuentra de pronto frente a una biblioteca de la que roba impunemente Las flores del mal o Los viajes de Gulliver, sus libros preciados.

Estos movimientos se producirán durante los años del 73 al 83, tiempo en que se encuentra en los primeros períodos de estudio. La partida definitiva de su pueblo se realiza en 1983 y se incorpora de manera decidida a las actividades políticas y culturales. Sin embargo, de esas fechas se han podido encontrar algunos fragmentos bajo la forma de imitaciones de don Luis de Góngora y Argote y su participación en pequeños sketchs teatrales tanto de Miguel de Cervantes como de Lope de Vega (El juez de los divorcios, Pedro de Urdemales, etc). Este acendrado anacronismo, sin embargo, no constituye parte integral de su conciencia, sino de su contexto, ya que sus incursiones inocentes en la literatura lo llevan a realizar  ejercicios literarios tomando aquello que el medio en el que se encuentra le puede ofrecer, tal y como se puede apreciar en cualquier evento relacionado con el idioma o la literatura en los centros escolares, en los que los íconos de la literatura son  verdaderas muestras de un anacronismo que va más allá de la literatura. En 1984 publica en un periódico mural el poema Los hermanos, una pieza desastrosa, casi incoherente, que de alguna manera prefigura su intención de apartarse del lastre gongorino. Durante esos años, marcados por un fuerte ambiente político revolucionario, persecuciones, represión y tortura, (Doctrina de la Seguridad Nacional) se incorpora a la lucha estudiantil y es apresado. Después de la cárcel es expulsado a otro centro educativo dónde se le prohíbe participar en reuniones y asambleas, pero participa más profundamente en la organización política y toma por su cuenta su formación política y literaria. Sus trabajos literarios, algunos relatos y poemas, serán enfocados a la lucha social, y empiezan a atisbarse los primeros textos amorosos en que la mujer se visualiza como paradigma. Sin embargo,  el anacronismo campea en todas partes. A su regreso a Tegucigalpa participa en el taller literario Roque Dalton y las figuras emblemáticas sugeridas por el coordinador del taller son César Vallejo y Pablo Neruda, pasando por Roque Dalton y Ernesto Cardenal. Las publicaciones literarias de la capital en esos años muestran eufóricas a Papini, Leopardi, Amado Nervo, Gabriela Mistral; lo mismo que a Otto René Castillo, Ernesto Cardenal  y Otto Raúl González. Los poetas más jóvenes escriben como los ya fallecidos Neruda y Vallejo, como Amado Nervo o José Martí. Los poetas más reconocidos son seguidores de Papini, Ungaretti, y Vallejo.

Yorch Martínez, de igual manera seguirá este anacrónico canon y se encontrará posteriormente con los poetas simbolistas, Mallarmé, Rimbaud, y su admirado Baudelaire, que, finalmente, comenzaba a encajar como figura clave en su proceso de búsqueda. De esas fechas también data su admiración por James Joyce, Beckett y T. S. Eliot.

Entonces su conciencia deambulaba entre la literatura como si se tratara de una novedosa bruma, y a pesar de que todo lo que encontraba era nuevo, porque no había más nada en el medio, leía con fruición, entusiasmado, y era nuevo Amado Nervo, César Vallejo, Neruda, Martí, Leopardi, Mallarmé, Becket, Eliot y Joyce, a pesar de que esa obra rondaba los cien años. Esta incongruencia no la percibió sino muchísimo tiempo después, cuando cayó en la cuenta que lo nuevo no era tanto lo que leía, sino lo que podía ver con sus propios ojos, es decir, el anacronismo como anacronismo.

También, sin que lo supiera, eran anacrónicas las maneras, los gestos, los gustos, el modo de vestir y de hablar. Todo era anacrónico, las palabras, los estilos, las revistas, los diarios, las antologías poéticas, los libros, las ideas discutidas en los pasillos universitarios, las conversaciones en el grupo de amigos. Porque eran el reflejo de un mundo anticuado, pasado hacía muchos años, pero que llegaba con inaudito retraso sin que nadie lo notara.

Era natural que un cercano amigo y compañero escribiera versos al estilo de Cesar Vallejo en su etapa modernista, y que él observara aquello como un hallazgo novedoso.

En la universidad, a finales de los ochentas, aún leerá con entusiasmo a Benedetti, Roa Bastos, Nicolás Guillén, René Char, Borges, Xavier Villaurrutia, Constantin Cavafis, Quasimodo, etc., pero escribirá poemas sufridos como Vallejo y floridos como Neruda.
En una carta enviada a su amigo Geovany Gómez, que recién se había marchado para Tegucigalpa, le dice que "En el fondo los poemas sociales no son más que una estrategia para ganar reconocimiento y adeptos"; mostrando por primera vez un argumento crítico sobre su entorno literario. Meses después publicaría su primer ensayo “Polemica, Realismo y Poesía”, (El ciempiés cojo, Diario Tiempo, 1992) en el que arremete contra el realismo social en la poesía. Ese mismo año se mostrará vehemente en diferentes ocasiones al discutir de manera acalorada sobre asuntos de literatura. Impulsa varios boletines literarios y escribe artículos sobre cultura, literatura y política.

En 1994 sale a la luz el primer boletín de Literatura METÁFORA, en un tiraje de cincuenta ejemplares que distribuye de manera gratuita entre sus amigos y conocidos.

El boletín literario muestra en su diseño algunas líneas Avant Garde, aunque los tipos de letra en general son Times New Roman  y Avant Garde. Las ilustraciones tomadas de los más recientes estilos europeos también indican una intencionalidad de romper con el formato tradicional del boletín literario. Las impresiones se producen como copias electrónicas originales. Un colaborador directo del boletín y la revista METÁFORA fue el poeta Samuel Trigueros.

En el año 1997 aparece la Revista METÁFORA en formato clásico y en papel mate, en un tiraje off set de 300 ejemplares. Posteriormente continuarán apareciendo otros números de la revista hasta alcanzar un total de 10. El proyecto es insostenible y financiado con los magros recursos de Yorch.
Esta aparente digresión sobre el boletín y la Revista METÁFORA es relevante si se considera que el esfuerzo artístico y económico sirve exclusivamente para mantener una actividad a todas luces anónima, invisible en el contexto sociocultural de la ciudad de San Pedro Sula, que ha visto nacer y morir preciosos esfuerzos literarios sin mostrar ningún aprecio.

La ciudad pareciera haber nacido cercenada de sentido literario o de sensibilidad hacia la labor artística y literaria. En sus calles, en las esquinas, como debajo de una lluvia dispuesta a disolver cualquier intento de congregación lúdica, los poetas conversan apagados, en un lenguaje lejano, oscuro, casi hermético, sin que nadie pueda reconocer sus códigos. Y los más ajenos a su propio lenguaje son los mismos poetas que cada vez se van quedando más solos, más dispersos, mudos, con la clara convicción de la inútil necesidad de la poesía. En lo alto de la montaña del Merendón, como si se tratara de un monstruo vigilante, un luminoso rótulo de Coca-Cola se enciende y se apaga, deletreando sus sílabas, como un anquilosado y moribundo ojo industrial.

Esa sensación de abandono y orfandad se ha ido reforzando por la carencia de acciones artísticas consistentes, por una radical  visión mercantil que denigra a la literatura, al lenguaje poético y al acto creativo como inservible, contrapuesto a las actividades comerciales. 

El anacronismo se respira en las “galas artísticas” de una burguesía anclada en una “Belle Époque” de revista parisina del recuerdo, que se maquilla y se recicla persistentemente, por temor a despertar en la pesadilla cruda de su realidad, que no está muy lejos de las visiones de Onán, el personaje de Mario Gallardo.

Desde finales del 2003, antes de la publicación de  Papiro (2004), Yorch Martínez vaga por las calles de la ciudad marcado por la horrenda pesadilla de las masacres en las cárceles de El Porvenir (2003) y el Centro Penal Sampedrano (2004), en las que murieron calcinados más de 184 jóvenes acusados y condenados por asociación ilícita. Este malestar lo lleva a involucrarse con los familiares de los masacrados (COFAMA) y una organización  juvenil conocida como Generación X. Con ellos se integrará profundamente hasta el año 2009, y producto de ese vínculo iniciará la producción de la novela El Mundo es un puñado de polvo.
El proyecto literario METÁFORA es frenado por estas circunstancias, en cambio produce documentales de televisión a solicitud de organizaciones sociales. Sin embargo, en el año 2007, entra a la Oficina Regional de Cultura que dirige Mario Gallardo y le entrega el escrito del Proyecto Metáfora. Posteriormente en esa oficina coordina el Proyecto Cine en la calle y realiza una serie de giras presentando el acervo del cine hondureño, particularmente en las zonas excluidas de la ciudad y de la región norte de Honduras.

El persistente trabajo en los barrios, el contacto con una población extremadamente pobre y suprimida en su derecho al disfrute, sometida a los más horrorosos escenarios de la violencia urbana y para la cual el lenguaje de la poesía es menos que nada; en fin, bregar entre el anacronismo cultural y la crueldad social, lo hacen reflexionar sobre su quehacer literario. De ese modo comienza a registrar en pequeños textos en prosa sus experiencias personales, también marcadas por el desencanto amoroso. Así nacen Las causas perdidas (2010). Su reflexión sobre el  quehacer de los poetas lo lleva a escribir el Primer Manifiesto de Los Poetas del Grado Cero, un texto irónico, entre el humor extra seco y el sarcasmo; sólo que realmente no se trata de ninguna ironía, sino de una burla llana de la poesía, de la literatura, a la que denomina “metarelato de jirafas”. Se trata de la ironía como ejercicio crítico con respecto a sí mismo y al entorno literario.
Este texto, nacido de sus reflexiones como un juego en serio, tendrá un inesperado efecto, ya que producirá la adhesión de varios escritores y el rechazo furibundo de otros.

Sin embargo, es necesario notar que este comportamiento no es exclusivo de Yorch Martínez, sino la manifestación de un  importante colectivo de escritores de San Pedro Sula que no soportan la estrechez, el anacronismo y la hipocresía dominante en el entorno.

Con Las Causas Perdidas, como texto, nos encontramos ya en plena ruptura de su estilo y visión respecto de la literatura y del anacronismo del contexto. Y por tanto, en completa facultad de su voz poética, más preocupada por el aspecto artístico, más allá de cualquier compromiso estético, ideológico o político y en absoluta confrontación con el entorno y su anacronismo.

Como muestra de su abierto desencanto y rechazo de los códigos literarios identificados como evidencia de un pasado incongruente, decide junto a otros cómplices, entre los que se encuentran los poetas Nelson Ordóñez, Darío Cálix y Karen Valladares, incinerar su boina gris, la que chamuscan en una ceremonia especial y entierran en la falda de la mítica montaña del Merendón.

Este hecho será el origen de la Novela de los Poetas del Grado Cero, texto base de este estudio.
La novela es el resultado de los escritos de diferentes autores que colaboran en la empresa, por lo que se trata de la primera novela colectiva en la historia de la literatura hondureña y en la que el autor mismo desaparece al morir antes de verla publicada, cumpliendo de ese modo el postulado de Roland Barthes y el del mismo Maingueneau.

Yorch Martínez, como autor principal de esta novela, ya no existe físicamente, no es, y sin embargo, sigue vivo como personaje de la novela, pero sin afectar su espacio y sin verse afectado ya por el contexto. Se convirtió en texto, en palabra, en vericueto dentro del texto, para permitirle la libertad y dejarle el espacio llano, abierto, libre de su ruido y sus posibles interrupciones.

El texto ya no necesita de su contribución intelectual ni de sus favores de promoción editorial. Es un texto absolutamente libre ya que ninguno de los autores colaboradores podría explicar nada de su misma estructura interna, a menos que lo hiciera desde la óptica de un crítico externo. Todo está consumado en Los Poetas del Grado Cero.

Yorch Martínez dejó tras de sí una serie de libros aún inéditos, pero esos ya no importan para este estudio. Aquí termina el trabajo suyo y comienza el de otros que muy poco tuvieron que ver con el proyecto. Karen Valladares ha aportado la totalidad de la información que se encontraba en los archivos de la computadora de Yorch. Sin embargo, entre los textos se deja entrever que existe un archivo secreto que fue enterrado en un cubo de cristal en algún lugar del territorio de San Pedro Sula, pero, por más que hemos indagado con quienes se supone son los responsables de haber escondido dicho material, ha sido imposible lograr que lo descubran.

Por algunas pesquisas se sabe que se trata de un escrito tipo Manifiesto final de Los Poetas del Grado Cero y La Hermandad de la Uva, enviado a los escritores del futuro, con la instrucción estricta que sea abierto hasta el año 2044.

Si se publica esta novela, se tratará de una publicación póstuma de Yorch Martínez, quien se definirá a partir de su publicación más por el paratopo, ya que, definitivamente no podría ni siquiera reclamar derechos de autor, ni nadie podría hacerlo aunque se trate de una novela con algunos aportes colectivos, ya que ninguno de los aportantes se sintió identificado finalmente con el proyecto, puesto que lo abandonaron apenas cuando comenzaba.

Ni siquiera sabremos si esta novela será publicada algún día, y de Yorch Martínez, por más que se busque en Papiro alguno de sus rasgos, será imposible determinar nada puesto que la ruptura misma produce un distanciamiento con todo lo que pudo haber sido de él como autor, ya que lo rechazó abiertamente como una manifestación de la absurda anacronía en la que se encontraba y de la cual claudica por considerarla nefasta para su propia configuración. Si hay algo que lo define, a él y al Movimiento Literario Poetas del Grado Cero, se encuentra en este libro, en esta novela, en ningún momento fuera de ella, ya que fuera de ella no existen ni Los Poetas del Grado Cero ni Yorch Martínez, quien se esfumó como una nube de ceniza con una ráfaga de viento.

No hay cadáver, no hay historia, sólo el inasible y vago relato que tenés en tus manos. Sólo se trata quizás de un párrafo, de una serie de palabras colocadas al azar, como evidencia de algo que fue tan fugaz y humano, como la literatura.

Ni siquiera su muerte significó nada, y muy poco se puede salvar del autor o del personaje en un imaginario colectivo poco dado a la lectura. Esta novela está condenada al olvido, y de lo que de ella se salve quizás sólo sea un indefinido relato oral entre amigos, al calor  de alguna plática de cervezas.

Hay algo más. Esta no es realmente una novela, sino una imagen desfigurada en miles de fragmentos que muchas veces ni siquiera se tratan de nada, que no tienen que ver con los mismos personajes, o alguna trama, pero es lo único que queda de algo que tal vez pudo ser una memoria perdida o enterrada para que nadie la encuentre.

Lo hemos demostrado como mejor hubiéramos querido en los rasgos planteados al principio: La partida, el anacronismo literario, la concienciación del acto creador, la ruptura estilística, y la realidad paratextual.

Se trata de un sujeto que parte no sólo de un punto geográfico, sino de un punto cultural marcado por el anacronismo, que lo determina y define, lo construye para sobrevalorar la literatura y se esfuerza colocándola en el centro de su aspiración espiritual, pero que el proceso de su trabajo creativo y artístico lo lleva a distanciarse, a tomar la precaución de cuestionarla críticamente desde la ironía, para reinventarse en un relato en el que él mismo es la figura protagónica, sólo para difuminarse y desaparecer en el texto. Tal vez la realidad del autor se encuentra en esa paradoja tan anhelada por Roland Barthes.

El paratopo es sencillo. En esta sociedad donde vivió Yorch Martínez, la literatura no es necesaria. O se vive sin ella, o se muere con ella.